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sábado, 9 de abril de 2016

NAVES (LLANES, ASTURIAS): DE LA PLAYA SAN ANTOLÍN A LAS PLAZAS DE SANTANA Y LA BOLERA "ENTRE INDIANOS, FIESTAS, BANDOS Y FLORES"

 

La Playa San Antolín: camino de Naves (Llanes, Asturias)

La Playa San Antolín es el sector más occidental del extenso arenal, de más de un kilómetro de longitud, situado en la desembocadura del Ríu Beón o Bedón, por el que vamos camino de Naves tras dejar atrás el arruinado monasterio de San Antolín de Bedón, que junto con el curso fluvial, el cual acabamos de pasar, dio nombre a estos parajes de la costa de Llanes. El paseo marítimo sobre la playa viene a seguir el trazado del antiguo Camín Real de la Costa, que en este lugar ha sido sustituido por la carretera, la autovía y el ferrocarril: todas las vías de comunicación han aprovechado desde la más remota noches de los tiempos este estrecho paso natural entre el arenal y la abrupta y boscosa ladera de El Llanu Santana o El Llanu Naves, a nuestra izquierda


La carretera, popularmente llamada en tiempos La Pista, fue inaugurada en 1969 y discurre entre Lloviu (al sur de Ribadesella/Ribeseya) y la villa de Llanes, pasó a ser la N-634 hasta que se construyó el viaducto que más tarde se reformó para el paso de la Autovía del Cantábrico (A-8), inaugurada en este tramo a 16 de julio de 2001, si bien ya estaba parcialmente operativa desde el 29 de diciembre de 1999 mientras se acondicionaba dicho viaducto. La N-634 como tal desapareció en este lugar pues con dicha autovía y el primitivo trazado anterior al viaducto pasó a ser la AS-263 y en agosto de 2019, tras una reestructuración viaria, la AS-379


Más antiguo que carretera y autovía es el ferrocarril, tramo inaugurado el 20 de julio de 1905 pero con un trazado algo diferente que incluía pasos a nivel con el camino precedente a la actual carretera. Su puesta en marcha por parte de la empresa Ferrocarriles Económicos de Asturias, llegando a Llanes, suponía la ansiada conexión ferroviaria entre Oviedo/Uviéu y Santander. En Llanes se realizó dicho enlace con la Compañía de Ferrocarriles del Cantábrico, siendo un solemne día de celebración con público, autoridades y prensa viajando en trenes engalanados y siendo recibidos por el público y al son de las gaitas y los voladores (cohetes) en todas las estaciones 


Este sector de la playa es además el más concurrido, pegado a la carretera, con la que comunica con un túnel, dos en realidad, bajo al talud del ferrocarril, es donde se encuentran los chiringuitos y las escuelas de surf, el surfista e investigador Hernán Javier del Frade afirma en su artículo El Surf en la playa de San Antolín, publicada en la revista Bedoniana del año 2002, que la primera referencia de un surfista estable nos lleva a 1975 con Florentino Rodríguez San Martín:
"Su primera tabla procedía de una cuneta. En 1975, siendo un chaval, se encontraba haciendo auto-stop para ir a Naves; mientras esperaba vio pasar una furgoneta extranjera cargada de tablas. Una de estas salió volando y acabo en una cuneta; Flor esperó a ver si volvían a por ella. Pasó el tiempo y al fin un camionero lo recogió y viendo que nadie volvía a por la tabla la metió en el camión y así llego a Naves. Se trataba de un tablón de madera de dos metros y medio y un solo timón, el cual le sirvió como colchoneta, ya que al regentar su tía el bar de la playa se pasaba todo el día en San Antolín. Allí, recordando como remaba el protagonista de la serie Flipper, comenzó a hacer sus pinitos de remada. Hasta que un día vio a un surfista cogiendo olas en San Antolín y comenzó a imitarlo..."

La Playa San Antolín es lineal y se encuentra muy abierta al mar, sin embarco en este extremo occidental una punta o cabo La Deh.esa o La Dejesa (con hache aspirada), hace de este rincón casi una piscina marina muchas veces, un "cueto peñascoso salpicado de hierba y abundantes pastizales" dice del lugar  M.ª Concepción Vega Obeso en Toponimia de Naves, San Martín y Beón (revista Bedoniana 2004)
"Por la vertiente trasera y más al norte se extiende una pradería llana que desciende hasta llegar casi al nivel del mar, constituyendo así la parte más baja de la costa. Se localiza en las inmediaciones de la Playa de Beón elevándose por encima de ella. En la zona que da al mar surge un manantial abundante de agua dulce que con la pleamar queda cubierto. Posee además un acceso subterráneo por La Vega Beón a través de La Cueva Beón"

En ella está El Furacu, un puente natural bajo el que pasan las olas en forma arco triangular, "La pronunciación popular de este topónimo presenta el insólito sonido /f / inicial en lugar de la esperable y característica /h/ aspirada del asturiano oriental" dice de él Vega Obeso en su estudio, mientras del Frade nos informa de su relación con el surf:
 "Esta hendidura actúa como bufón horizontal cuando un temporal azota la costa. En el extremo de la Punta de la Dejesa se localiza una peña de la que este pico toma su otro nombre. Se trata de un pico que ha de surfearse tras dos horas desde la bajamar, ya que, excepto en contadas ocasiones, la disposición del fondo hace que las olas caigan en toda su longitud sin dejar opciones de correr por la pared. Cuando la marea, tras dos horas aproximadamente, cubre un banco compuesto de arena y cantos es el momento en el que esta ola comienza a funcionar. El pico rompe de derechas e izquierdas, es decir, el avance de la ola es de derecha a izquierda y de izquierda a derecha respectivamente. La izquierda suele acercar hasta la orilla, con varias secciones, tramos en los que la ola se acelera, más o menos rápidas en función de lo alta que está la marea, si bien con olas de gran tamaño se vuelve una ola muy exigente y cuyo retorno hacia el pico se hace penosamente por la potencia de las espumas. La derecha es una ola que pese a que su primera sección es rápida suele perder velocidad. No obstante, con olas de gran tamaño se forma una excelente ola de bahía, que al resguardo de la Punta de la Dejesa se va curvando de tal manera que si en el take off, el momento en el que se coge la ola, la tabla apunta hacia el bar, según se va siguiendo la ola se acaba mirando hacia el Furacu"

Hay justo al lado de El Furacu, a su derecha y sobre el ángulo derecho del puente, otro túnel natural a manera de ventana en la peña. Efectivamente parecen una puerta y una 
ventana y es una formación geológica especialmente fotografiada


Y este es un aspecto de El Furacu en bajamares, cuando la arena llega a la puerta...


Nunca insistiremos lo suficiente en que se recuerde que en el Cantábrico, a diferencia de otros mares como el Mediterráneo, varía muchísimo, varios metros, la zona cubierta por las aguas según suba o baje la marea, de pleamares bajamares. A los naturales les padece obvio pero muchos visitantes lo desconoce, lo que todos los veranos da pie a sorpresas y a veces a disgustos con los flujos mareales y las grandes vagamares


Uno de los colectivos más conocedores de este fenómeno, que puede consultarse de las tablas de mareas y que en ciertas épocas del año reviste especial intensidad, es precisamente el de los surfistas, que tienen otro muy importante condicionante, el viento, dicen también Hernán Javier del Frade:
"Respecto a las condiciones de viento cabe decir que el nordeste fuerte descompone totalmente esta ola, no así el viento de noroeste, ya que la Punta de la Dejesa protege de este viento. El mejor viento para cualquiera de las olas de esta playa es el sur, offshore o viento de tierra, aunque el nordeste flojo apenas altera las olas. Para llegar a esta ola es recomendable remar junto a la zona del Furacu, ya que por esta zona, además de estar al resguardo de la mar discurre la corriente de alimentación de la rompiente, por lo que dicha corriente nos empuja hacia el pico, es decir, la zona en la que comienza a romper la ola. Los peligros a tener en cuenta en esta rompiente son la fuerte contraola que se forma en la pleamar en la zona de las escaleras, así como las rocas que se encuentran en la orilla de esta misma zona. En algunas ocasiones, con grandes vagamares, se da una ola de izquierdas en la parte exterior de la Punta de la Dejesa que llega a enlazar con el Furacu"

Desde la barandilla de este paseo vemos la gran extensión (unos 1.200 m) de la playa cerrada al este por La Punta Pestaña o Pistaña. La arena húmeda nos muestra hasta donde sube la marea en verano, cubriendo la mayor parte de la superficie arenosa, por lo que su anchura puede variar grandemente en este que es el arenal más grande de Llanes del que dice Vega Obeso:
"San Antolín: Denominación actual predominante de la antaño nombrada Playa de Beón. Se considera la mayor playa del concejo de Llanes en la que desemboca el río Beón, que la divide en dos, y en cuya desembocadura origina un característico pedrero que bordea el arenal de la playa. Por el noroeste, la Punta la Deh.esa se adentra en la playa anclando en ella el arco rocoso del Furacu; y al este, el Pozu Beón y Punta Pistaña marcan el límite con los términos de Posada y Niembru. En ella se recolecta el ocle o algas y en la desembocadura del río se pesca angula"

En su desembocadura el Nalón forma un meandro, que antaño durante mucho tiempo estuvo aparentemente cerrado al mar por la montaña de sedimentos, claros cantos calcáreos que se formaba con las mareonas. Se formaba así El Pozu las Ánimas o Pozu Beón, filtrándose las aguas fluviales entre las piedras para salir al mar, pero impedía el paso de peces, con lo que se convertía en un excelente puesto de pesca, desaparecido en 1980 tras una polémica intervención. Se dice que su nombre viene de la leyenda que dice que de noche surcaba sus calmadas aguas una barca con ánimas de difuntos, según cuenta Yolanda Cerra Bada en Bedoniana año 2001, El territorio sagrado en la parroquia de Naves:
"El peligro de la noche deriva de la posibilidad de encuentro con las ánimas, que reciben el nombre colectivo de güéstiga. Las ánimas del purgatorio están también en un estado liminal, peligroso, son la muerte y traen la muerte. Para evitarlo, se deben conocer y practicar ciertos rituales después del fatídico encuentro; aunque lo mejor sea no salir de noche" 

Varios son los autores que se han ocupado del Pozu las Ánimas o Pozu Beón, también en Bedoniana 2003, Nieves Herrero Pérez le dedica un extenso artículo cotejando lo escrito por estos investigadores. En él relaciona esta creencia con el camposanto del antiguo y legendario monasterio de San Antolín, al que le dedicamos su correspondiente entrada de blog:
"Sabemos efectivamente que el monasterio de San Antolín contiguo al Pozu fue iglesia parroquial hasta principios del siglo xix y que, junto a él se encontraba el cementerio parroquial de Naves, de modo que no es descabellado pensar que el nombre puede deberse a la localización de esta creencia en aquel espacio. La situación periférica del complejo parroquial con respecto al espacio habitado contribuye de por sí a configurar el lugar con las atribuciones de ambigüedad y peligro que son propias de todos los espacios liminales o de transición, una transición que el cementerio acrecienta y proyecta sobre el mundo del más allá, al mundo totalmente desconocido y definitivamente ambiguo de la muerte (...)

Contamos con una expresión literaria que hace explícito todo este bagaje cultural al que parece remitir este nombre. Me refiero a la leyenda romántica «El monje de San Antolín» de Eduardo Bustillo publicada en 1865 y que esta revista también ha sacado a la luz. Una leyenda romántica que se alimenta de esa atmósfera de misterio y de ambigüedad que estamos atribuyendo a aquel espacio y que, del mismo modo que hizo el propio G. A. Bécquer en la leyenda El monte de las ánimas y posteriormente otros grandes escritores como Valle Inclán, Pardo Bazán o Unamuno, recrea literariamente la creencia cultural en la güestia. El relato termina con una referencia a la «hueste de fantasmas blancos y con luces alrededor del cementerio y entorno de las rocas» de la que supuestamente formaría parte el alma de la amada del caballero que, tras truculentos episodios de crímenes y locuras pasionales, acabó sus días purgando sus pecados como monje de San Antolín"

Al igual que la punta, la parte oriental del arenal o sable, del río al este, se llama La Playa Pestaña o Pistaña, es la más agreste y nunca suele masificarse. Hernán Javier del Frade cuenta de ella en relación a la práctica del surf:
"Sin duda esta es la ola más consistente del Arenal de Bedón, proporcionando algunos días al año condiciones casi perfectas para la práctica del surf. Se localiza en el extremo oriental de la playa, junto a la punta que le da nombre, una vez rebasadas unas peligrosas rocas. El acceso se realiza por la playa y es necesariamente peatonal. Debido al paseo que ha de darse para llegar hasta allá no es una ola demasiado frecuentada por surfistas no habituales de esta playa. El punto de esta ola es media marea bajando. Se compone de dos rompientes fundamentales que se abren a derecha e izquierda desde el pico. La derecha tiene un take off bastante pronunciado, sin embargo la ola después deja secciones más lentas que hacen de ella una ola no muy difícil de coger. La izquierda es una ola muy exigente que desde el primer momento advierte de lo rápida que puede llegar a ser; el take off puede ser casi vertical y las secciones huecas se suceden, dando lugar a hermosos tubos. Con la marea baja las condiciones se hacen extremas, siendo recomendable alguna parada hasta que la marea comience a subir de nuevo, momento en el que la derecha comienza a mejorar. El fondo es de arena con cantos en la orilla. Es habitual que a finales de verano este pico esté lleno del ocle que se acumula al socaire de Punta Pistaña"

Su acantilado llega a los 26 metros de altura en su parte más alta y allí se encuentran trincheras "excavadas durante la Segunda Guerra Mundial", según la Enciclopedia del paisaje de Asturias y es un lugar en el que se recogen grandes cantidades de algas marinas de arribazón. Otro túnel natural permite pasar por ella al otro lado, donde un sendero comunica con la famosa Playa Torimbia en Niembru


La construcción del ferrocarril tuvo en este tramo uno de sus puntos más dificultosos. El 29 de octubre de 1904 se publicaba que ya llegaba aquí la primera balastrera, la máquina que traía el balastro, las piedras (áridos) que sirven de asentamiento para la posterior instalación de los raíles, nos explica Jaime Sánchez Merodio en El tren pasa por San Antolín (revista Bedoniana de 2005)
"El trazado de la línea en esta zona parte de la estación de Villahormes, sortea varios cuetos, atraviesa Naves y se adentra en la Vega Beón, en alineación recta, paralela a la carretera, sobre un largo talud en rampa descendente casi hasta el nivel del mar; para salvar la sierra plana o Llanu Santana, tajada en abrupto acantilado por el mar y el río, a la altura del Pozu Beón, se perfora un primer túnel, cuya boca occidental está situada en la cota más baja de la línea (unos 7 m.), que es el lugar donde atravesaba la carretera general en el primer paso a nivel. El túnel se abre a la luz abocando directamente al río, al cual franquea a través del puente de hierro, e inicia el ascenso hacia Posada, describiendo una línea que hace preciso un nuevo paso a nivel y un segundo túnel para sortear la carretera. Nuevas curvas y un tercer túnel que sale a la luz en las estribaciones de Serronda, en fuerte rampa ascendente, nos acerca"

Por la zona de Serronda efectivamente están los túneles de San Antolín, un primer túnel mide unos 200 metros y tiene un tramo recto y otro en curva:
"Fue perforado sobre la roca de cuarcita de la Sierra de Santana, está revestido con muros de mampostería, tiene bóveda de ladrillo y bocas de cantería. La boca oriental fue ligeramente prolongada y sobre la misma cruzaba la antigua carretera, que necesitó de importantes desmontes sobre la sierra. La inestabilidad de los taludes que quedan por encima ocasionaron no pocos problemas; abundantes fueron los desprendimientos de piedra que llegaron a cortar el paso por la carretera y vía mientras se construía (...)

El segundo túnel de San Antolín tiene una longitud de 177 m., gran parte en curva y de características constructivas similares al anterior (excavado en roca cuarcita, revestido de mampostería, bóveda de ladrillo y bocas de piedra). El tercero, y último, de 98 m. de longitud en alineación recta no necesitó recubrimiento por estar excavado en roca caliza muy compacta; se encuentra en plena pendiente de acceso a la estación de Posada, bajo el lugar de Serronda, en las proximidades de Frieras

Los trabajos de la caja de la vía y de construcción de los túneles se ejecutaron a lo largo de 1902 con toda celeridad; es de suponer que todo el material pétreo extraído en las perforaciones fuera empleado para los rellenos de taludes y para el firme de las explanaciones de los trayectos contiguos. En la primavera de 1903 ya habían sido perforados los tres túneles de San Antolín, siendo previsible que quedaran pendientes obras de revestimiento y remate de los mismos"

Esta pequeño pero coqueto paseo llega aquí a esta explanada que es como un gran balcón-mirador sobre la playa y el ferrocarril. La playa de San Antolín fue lugar muy frecuentado por las antiguas colonias escolares mixtas que, en periodos de 21 días, se realizaban en la hoy arruinada casa del monasterio de San Antolín, a cargo del Museo Pedagógico Nacional (de 1912 a 1927) y del Instituto Escuela de Madrid (1928 a 1936), vinculadas a la Institución Libre de Enseñanza (información de La colonia escolar de San Antolín de Bedón (1912-1936) por Ángel Mato Díaz en Bedoniana 2010)
"El devenir de la colonia escolar a lo largo de 25 años presentó numerosos altibajos, fundamentalmente por los problemas económicos derivados de la cuantía de las subvenciones y del aumento de los gastos de la estancia. En la primera época, hasta 1920, la colonia acogió a más de un centenar de niños y niñas en dos turnos estivales de 21 días cada uno, cuyos gastos se pagaban con la subvención del Ministerio de Instrucción Pública (entre 13.250 y 13.500 pts.) más la ayuda de S. M. el Rey Alfonso XIII (1.000 pts.). Con estas cantidades se cubría el capítulo de necesidades, se atendía a un mayor número de niños que los prefijados en la subvención oficial (un centenar) y se lograba un superávit, utilizado para la campaña siguiente"

Acabado lo que es el paseo enlosado y con barandillas metálicas pintadas de blanco, dispuestas en el borde acantilado, tomamos esta vía peatonal paralela a la carretera A-379, bien protegida por más barandillas de otro tipo y guardarraíl, similar a la que nos ha traído ala playa desde el monasterio y pasando sobre el río


La pasarela baja entre dicha carretera y la línea ferroviaria, dando siempre vista a la playa a quien el poeta Antonio Cantero le dedica estos versos:
San Antolín (la playa, el río). 
La roqueda, el boquete que hay en ella 
por donde, con estrépito resuella 
el oleaje, si está el mar bravío. 
El convento, ya no recinto pío, 
de lo que fue conserva aún la huella. 
Vese esta playa, esplendorosa y bella, 
animada y alegre en el estío. 
De ella metros la carretera dista. 
La vía férrea igual, que está a su lado. 
Encanto del viajero, del turista, 
del veraneante, del adinerado, 
¡hasta el que pasa a pie tiende la vista
 y se para a mirarla con agrado!

La antigua carretera que luego se acondicionaría en 1969 era cruzada varias veces por la vía en sendos pasos a nivel. Había pocos coches y como nota curiosa se pusieron portillas para evitar que los vehículos interfiriesen con el paso de los trenes. En el primer paso a nivel, ante la playa, se construyó en 1908 la casa del guarda. Naturalmente este sistema no era viable y se produjeron los primeros accidentes plasmados en prensa, así informaba el periódico El Oriente de  Asturias de uno de ellos el 28 de septiembre de 1907: 
"El martes, día 24, á la salida del túnel de San Antolín, alcanzó el tren, por la parte trasera, el carro del bagajero de Ribadesella, arrastrándole, el burro inclusive, con un buen trecho, logrando el conductor del carro tirarse de éste sin sufrir afortunadamente más que unas pequeñas rozaduras"

Algunas fincas tenían además derecho de paso o de servidumbre sobre las vías, siendo costumbre pasar en carro sobre ellas de un lugar a otro, hasta que en 1911 la familia del vecino de Naves Ceferino Carrales Campo sufre un accidente por hacerlo, así reflejado en El Pueblo del 2 de agosto de 1911:

"... ayer, á las cuatro de la tarde, á la hora en que por dicho sitio pasa un tren de mercancías que viene de Oviedo se disponía á pasar en el carro la mujer de aquel, María del Pilar Barro, en unión de dos de sus hijos Laurina y Manuel, pequeños de cuatro y seis años de edad, respectivamente, y de una moza forastera que por hallarse aquella enferma desde hace algún tiempo tiene en su casa en concepto de criada, y á la sazón de salir del túnel que está situado á 35 metros del lugar de la servidumbre, el tren indicado arrolló el carro, destrozándolo completamente; las vacas resultaron ilesas aunque destrozados el yugo y los cornales, á causa del tenaz esfuerzo que aquellas hicieron por librarse del peligro y resultando los dos niños heridos, no de gravedad; el varón, en la región lumbar y en la escapular derecha; la niña, con contusiones en las regiones rotularia y femoral de ambas piernas y la sirviente con magullamiento en la región supraescapular del lado izquierdo. 

Avisado por teléfono á Ribadesella el médico de la Compañía de los ferrocarriles Económicos Asturianos, se personó sin tardanza en la casa de los heridos, haciéndoles el reconocimiento y la cura precisa, dejándoles en estado satisfactorio"

No por causa del ferrocarril, sino por las continuas curvas de la primitiva carretera, que posiblemente se basase en el trazado del antiguo camín real, se produce a los pocos días el primer accidente de automóvil del que tenemos noticia, publicado también por  El Pueblo el 19 de agosto, siendo víctimas unos conocidos actores del momento:

"El automóvil, un «Mercedes», de 75 caballos de fuerza, en que se proponían hacer el viaje á Gijón, de donde salieron el jueves por la mañana, á Bilbao, los eminentes actores Sra. Guerrero y Sr. Díaz de Mendoza, acompañados del Sr. Thuillier y su esposa y del chauffeur, al llegar á la revuelta contigua al túnel de San Antolín de Bedón, sitio denominado «El Escobio», chocó con un árbol de la carretera, quedando imposibilitado para seguir la marcha, pues del golpe resultaron con averías de importancia los guarda barros de ambas ruedas del lado derecho, así como también el volante de dirección, la palanca de cambio de velocidades y el piñón de la corona diferencial. 

El accidente fué debido á la rotura de la cubierta de la rueda derecha, de atrás, al hacer el viraje, á lo que contribuyó en gran parte el exceso de velocidad á que marchaba el automóvil, á unos 70 kilómetros por hora. 

A consecuencia del accidente resultaron heridas de algún cuidado las personas citadas. La Sra. Guerrero fué lanzada á una alcantarilla inmediata, de donde la extrajeron, ensangrentada, con heridas en el rostro y rotura de la clavícula izquierda, los peones de la brigada del ferro-carril que á la sazón trabajaban en las inmediaciones del lugar del suceso. 

El Sr. Díaz de Mendoza, que guiaba el automóvil, con la fractura del húmero del brazo derecho. 

Los otros dos acompañantes con contusiones y heridas de relativa consideración en diferentes partes del cuerpo y el chauffeur, herido en la región tibial de la pierna izquierda é ilíaca del mismo lado, siendo lanzado á través del cristal para-brisa á una distancia de diez metros, quedando el cristal aludido hecho añicos. 

Tanto los señores Guerrero y Maldonado, como los señores Díaz de Mendoza y Thuillier, después de ser conducidos á Posada en unos carros que casualmente pasaron por el lugar donde ocurrió el percance y de ser curados de primera intención en la botica del Sr. Sánchez, de la villa mencionada, continuaron el viaje para Santander en el tren de las doce y cuarto. No así el mecánico, por impedírselo la gravedad de su estado.

Los eminentes actores María Guerrero, su esposo Fernando Díaz de Mendoza y Thuillier, hicieron en la prensa grandes elogios del médico de Llanes, Dr. Ángel Lama, del jefe de la estación del ferrocarril de Posada y de todo el vecindario de aquella villa por los servicios que les prestaron con motivo del accidente sufrido cerca de San Antolín"

Tras no pocos accidentes se decidió modificar el trazado del "camino de hierro" y de la carretera de manera de evitar estos peligros. En nuestros días circulan paralelos pero no se cruzan, siendo los primeros pasos a nivel suprimidos en Llanes, otros, incluso sin barreras y cruzados también por el Camino, aún lo esperan. Los usuarios pasan por los respectivos pasos inferiores a manera de túneles o puentes desde la carretera a la playa, evitando la vía

El acceso directo se realiza, pasando bajo la vía insistimos, de la carretera hacia esta explanada detrás de la escuela de surf, que suele llenarse rápidamente en días de verano de buen tiempo. Desde ella un camino enlaza con la senda costera que se dirige a la muy conocida Playa Gulpiyuri, espectacular capricho geológico de un arenal que forma una aparente laguna de agua salada comunicada realmente de manera subterránea por el mar

Seguidamente están los dos célebres chiringuitos de San Antolín: primeramente está el restaurante La Playa y al fondo el chiringuito La Pandina, donde se celebran conciertos y actividades

Por ahí pasa El Ríu Romeca, que nace en La Romeca, una vaguada situada unos kilómetros más al sur, dentro del monte comunal que "se localiza al suroeste, entre el Llanu Mollapiés, en los comunes de Naves y la divisoria con el Llanu Los Carriles y el Llanu Villah.ormes", nos dice asimismo Vega Obeso:

"Discurre abiertamente y sin cauce definido por la vega de Gostolizas. En su curso medio baja por la falda del Llanu Santana paralelo al camín del Monte, y su cuenca encajonada se va pronunciando considerablemente hasta alcanzar un desnivel impetuoso en el tramo de Los Molinos, donde se origina la Cascada del Pozón. Ya en su curso bajo atraviesa varios barrios del pueblo (La Calle, La Pola, La H. ondera) y finalmente cruzando La Vega Béon desemboca en la Playa de San Antolín, tras atravesar subterráneamente la carretera, que antes de estar debidamente canalizado se inundaba con el mal tiempo. La Riega la Cuchillona le entrega sus aguas a la altura del Ríu Terceru. El Romeca está atravesado por el Camín del Monte y a cada cruce que el camino hace para vadear el río subiendo del pueblo, se le da respectivamente la denominación de Ríu Primeru, Ríu Segundo, Ríu Terceru, llegando así hasta Gostolizas donde finalizaba con el Ríu Cuartu; éste desapareció con la ampliación del camino, cuando los tres puentes sobre el río fueron reconstruidos por el antiguo organismo del Icona. El primer puente había sido construido por los propios vecinos, a principios de los años 60, cuando comenzó la explotación forestal del Monte"

San Antolín es uno de esos lugares en los que el Camino Norte, antes llamado de la Costa, pasa verdaderamente por primera línea litoral. Antaño, hasta bien entrado el siglo XIX los arenales no eran tan apreciados como ahora, siendo los avances médicos los que popularizaron esta costumbre del sol y el mar, antes vista incluso como insalubre, pues era donde se arrojaban los detritus de las poblaciones ríos y arroyos abajo, lugares inseguros frecuentados solamente por pescadores cuando no por contrabandistas y lugar propicio para los golpes de manos de los corsarios en las endémicas guerras con Francia, Inglaterra y Países Bajos...

Los nuevos caminos también tienen sus desperfectos. Miremos bien también hacia el suelo en estos entablados por los que en verano pasan y pisan bastantes miles de personas

Foto de primavera, con el arenal vacío, para que veamos el contraste. Los caminos principales, hoy como ayer, tampoco buscan los lugares más pintorescos sino las vías más rápidas, apartándose de la sinuosa orografía costera, pero aquí no queda otro remedio que aprovechar bien este estrecho espacio entre la ladera del Llanu Santana y el mar, y así vemos autovía, carretera y ferrocarril en paralelo y un tanto apretadamente

Más al oeste el paisaje se abre a la rasa costera de San Vicenti, una ería con dos casas construidas en la década de 1960 que es por donde va el camino a Gulpiyuri, se llama así por una capilla desaparecida bajo la advocación de San Vicenti, "en tiempos la festividad más concurrida de Naves", nos cuenta también Mª Concepción Vega Obeso:

"La capilla, de la que no quedan vestigios, pero de la que la memoria del pueblo da cuenta, estaría situada en la parte más alta de la pradería, y se alzaría sobre el mar beneficiándose de la mejor panorámica y de una impresionante vista sobre el horizonte del Cantábrico. El santo se celebra el 22 de enero, considerándose la fiesta mayor del pueblo, que fue desplazada por Santana y San Antolín, debido al fenómeno turístico y a su celebración en plena época estival. San Vicenti marcaba la proximidad de la primavera y la inminente reanudación de la emigración temporera de los teyeros, ya que casi un 80 % de la población de Naves se marchaba a faenar en las tejeras de Asturias, Castilla, León y País Vasco. También señalaba la época en la que se tallaba a los quintos para el servicio militar, pues el primer reemplazo marchaba en abril, por lo que se celebraba antes de la partida de los mozos. Era, pues, una celebración de despedida de los varones (quintos y tejeros) del pueblo"

Pasa el tren, el futuro de las comunicaciones ferroviarias de vía estrecha por la cornisa cantábrica causa inquietud y desazón, una situación muy distinta a la de los tiempos de la inauguración de este tramo, cuando el tren vencía como medio de transporte de pasajeros y mercancías a las también por entonces aún nacientes carreteras. Así leemos en Bedón: encrucijada da la modernidad y el paisaje por Francisco Crabiffosse Cuesta en Bedoniana de 2003

"Pero si hubo un medio de transporte en verdad ansiado por los hombres del siglo xix y recibido como una bendición del Dios de los cielos y un beneficio extraordinario de la capacidad del hombre en su confianza creadora a través de la ciencia y de la técnica, ese fue el ferrocarril. Era el transporte del verdadero progreso, cuya potencia asombraba toda una humanidad inquieta y deseosa de disfrutar de sus prestaciones. Las primeras líneas asturianas sirvieron para comprobar la efectividad de lo anunciado, y todas las villas asturianas se movilizaron en pro de su llegada, en el pensamiento de que aquella que no lo tuviese quedaría marginada de la riqueza y del contacto con la civilización. Llanes vivió con intensidad la lucha por ese deseo colectivo, y festejó su llegada como un hito que culminaba un proyecto ansiado de unión con los núcleos urbanos más importantes de Asturias y las provincias cercanas. El acontecimiento fue reflejado fielmente por fotógrafos como Cándido García, quien realizó una completa serie sobre la llegada del tren a Llanes. Al tiempo, el cine dejó testimonio de ese suceso trascendental en una corta película que es la primera muestra conservada de la cinematografía en el concejo"

Y así este autor nos deleita con estas impresiones del ferrocarril dando vista a la playa, paso de caminos que parecen competir en su necesidad de espacio en el estrecho terreno entre la pared de la montaña y el arenal, fundamento de todo un estilo fotográfico basado en este paisaje:

"En San Antolín de Bedón el ferrocarril se encontró con el mar, las viejas sendas y la moderna carretera en su trazado costero. Es un punto en el que la confluencia se hace merced a una orografía que limita el espacio y hace urgente una ocupación compartida. Hay una intersección que es un abrazo de caminos, un cruce en el que obligatoriamente el viajero debe ceder el paso al que circula sobre el camino de hierro para que prosiga su marcha. Que en ese paisaje de arenal y olas en el que desemboca el río, circundado por suaves montes que protegen el melancólico cenobio, se concentrasen esas vías de comunicación configurando un nuevo paisaje de convivencia entre la naturaleza en estado puro y los modernos caminos, es lógico que no pasase inadvertido a unos profesionales que, como los fotógrafos, siempre estaban atentos a todo aquello que atrajese la atención del público por la novedad insertada en lo que se consideraba inmutable. Y ese paisaje seguía siendo el mismo pero transformado, modificado por el ineludible coste del progreso, observado por los ojos de esa nueva especie en movilidad permanente que dieron en llamar turistas que desde el automóvil o desde el tren podían percibir al paso la belleza de un espacio hasta entonces inédito.

Nacía así uno de los subgéneros fotográficos de Llanes: el del paisaje de San Antolín, no como simple playa o como localización de un atractivo conjunto arquitectónico, sino como una suma de elementos que conjugaban lo antiguo y lo nuevo, la naturaleza con la técnica, al servicio de las comunicaciones. Y desde que el tren comenzó a atravesar aquellos parajes, los fotógrafos no dejaron de perpetuar el convoy con la humeante locomotora al frente a su paso cerca del mar o saliendo a la luz desde la boca del túnel, en ese punto estratégico en el que carretera y vía ferroviaria se cruzan"

Ferrocarril, carretera, autovía... pero aún nos queda un medio de comunicación que forma parte de la historia de San Antolín, la aviación, poca gente sabe que tan extenso arenal sirvió como improvisada pista de aterrizaje. Nos lo cuenta, junto con otras anécdotas de esta playa, Bedoniana 2001, titulado De otro tiempo, de otra época por Manuel Cantero Carriles

"A finales de la segunda década o principios de la tercera del siglo xx un día de verano la playa de Bedón se vio concurrida con abundancia de gente de los alrededores. Eran las fiestas de La Guía en Ribadesella y Yangüinas, un aviador de Llanes, que se dedicaba a dar paseos a la gente en su avioneta a cambio de una remuneración, salió para aquella villa donde no pudo bajarse a causa de la mucha niebla. Decidió entonces volver a Llanes y observó que en San Antolín había buena visibilidad para aterrizar en la playa, y así lo hizo aprovechando que la marea estaba baja. Acudieron (¡cómo no!) los madrileños y madrileñas que veraneaban en la casa contigua a la iglesia de San Antolín y, entre ellas, Margot Moles que era a la sazón deportista de mucho prestigio, vestida con pantalones por lo que una abuela de Naves se metió con ella diciéndole: —¡Puerca! ¡Eres una puerca! ¡Cómo cambian los tiempos! ¿Qué diría la abuela Julia si en la actualidad despertara en Torimbia? 

Pero no es de extrañar su actitud; eran entonces aquellos tiempos en que el párroco de Naves machacó y machacó desde el púlpito, sin conseguir nada entre la juventud, sobre lo indecente que era andar mezclados hombres y mujeres en la playa en traje de baño. Era su opinión que debería dividirse la playa en dos zonas: una para hombres y otra para mujeres. Y las abuelas estaban con él"

Por este camino de la playa pasaría aquel sacerdote solitario que, aún con casa junto al monasterio, se desplazaba continuamente a Naves y otros pueblos a celebrar los oficios, hasta que al finalfijó residencia en San Antolín. Aparece esto así explicado a mitad del siglo XIX en el famoso Diccionario geográfico-histórico-estadístico de España de Pascual Madoz:

"Gran playa o abra, en provincia de Oviedo y partido judicial de Llanes, en la que desagua el río de San Antolín cuyo nombre toma de la iglesia, en otro tiempo monasterio y parroquia del antiguo monasterio de San Antolín de Bedón de monges Benitos, situados a la derecha en la desembocadura del río. Reunida esta comunidad, cuando la reforma de Valladolid, a la del monasterio de Celorio que se halla a una legua de distancia, el abad nombraba un monge que residente en San Antolín, daba en esta iglesia el servicio parroquial a los pueblos de Naves, Rales y San Martín, colocados a la margen opuesta del mencionado río, al cual cruzaba un insignificante puente de madera que con frecuencia se inutilizaba, y por cuya razón el lugar de Naves solicitó y consiguió en juicio, que el mencionado monge residente en San Antolín se fijase en el mismo Naves y prestase el servicio espiritual en una ermita bastante capaz que existía en este pueblo, titulada San Vicente y Santa Ana, hoy iglesia desde el año 1804. El pueblo de Rales se erigió después, año de 19, en vicaría independiente, quedando San Martín agregado a Naves y lo mismo el casero o custodio de los restos del monasterio, cuyo término es el ángulo que forma el mar y el río cortado en toda su extensión de río a mar por la feligresía de Posada de la que depende en lo municipal el citado casero o custodio que como se ha dicho es feligresía de Naves"

Luego, con la construcción del ferrocarril, vendrían muchos trabajadores de fuera, a los que se llamaba los carrilanos, si bien hubo al principio ciertos roces con los naturales, con el tiempo algunos se casaron aquí y se quedaron, en su artículos en Bedoniana 2005 Jaime Sánchez Merodionos sigue hablando la historia ferroviaria local:

"La construcción de la línea férrea precisó de abundante mano de obra que, procedente de otros lugares, acudió a la comarca, los famosos carrilanos. La concentración de tan importante número de forasteros provocó algunas tensiones sociales, máxime teniendo en cuenta que en la mayoría de los casos estos trabajadores llegaron solos y sin familia. Parece que tras las largas jornadas de trabajo algunos de ellos frecuentaban en demasía bares, tabernas y «alcohol», siendo más habitual de lo esperado su participación en reyertas y trifulcas. Así lo recogen varios testimonios de la prensa acusándoles de pendencieros ; hay que hacer mención igualmente, que también son abundantes las notas y artículos periodísticos que salen en defensa de los mismos. Con el paso del tiempo serían habituales los matrimonios con gentes del lugar asó como su total integración, de lo cual son testimonio elocuente algunos apellidos foráneos hoy habituales en el concejo"

Por esta carretera, o mejor dicho por su antecesora, las gentes de Naves, Villah.ormes, H.ontoria y otros pueblos y parroquias se dirigían al famoso mercado de Posada, algo muy bien recordado por Bernardo García Suárez en Recuerdos dl hilo de la fiesta de San Antolín, otro de los maravillosos artículos de Bedoniana:

"Cuando yo era niño mi abuela me llevaba los viernes al mercado de Posada. Íbamos en uno de aquellos entrañables carros de «Los Avines» tirado por un humilde burro y, tras dejar atrás a Naves y al hermoso arenal de San Antolín, la carretera bordeaba El Pozón, entonces de aguas oscuras, profundas y temerosas para un niño y rodeado de más arboleda que en la actualidad. Arboleda autóctona porque los eucaliptos vinieron después. ¿Cómo sería cuando, según la leyenda, el Conde de Muñazán alanceaba jabalíes por aquellos pagos? Mi abuela me contaba historias de naufragios y embarcaciones sumergidas en aquel pozo y que nunca he sabido si tendrían algo de verdad o serían belurdias para estimular mi imaginación infantil, pero es el caso que cuando para hacer la nueva carretera se saco de allí mucha piedra apareció el viejo ancla que actualmente se exhibe en el mirador sobre la playa. Al menos concedamos a mi  abuela el beneficio de la duda. Una abuela que recompensaba mi atención con una perrona de galletinas redondas y húmedas que, envueltas en papel de estraza, compraba en Posada"

Bajando a la carretera, se irá ocultando a nuestra vista la playa y sus inmediaciones, donde está La Cueva de Beón. "Cueva con una espaciosa sala de techo plano y poca altura con salida al fondo. La entrada se localiza en La Vega Beón y sale a La Deh.esa atravesándola por debajo", nos dice Vega Obeso en su estudio sobre toponimia publicado en Bedoniana 2004

Aquí se acaba la senda peatonal y salimos a la carretera: es verano y los coches ocupan todo el arcén izquierdo bajo el gran paredón de la autovía, por lo que seguiremos por el derecho, con menos coches

Esta señal informa a los conductores del cruce de peregrinos a dicho arcén izquierdo, pero cuando se llena de automóviles se hace imposible caminar por él

Y aquí tenemos el acceso principal y más directo a la playa: nosotros seguiremos de frente por el Camino de Santiago oficial, que más o menos seguiría el trazado, muy transformado eso sí, del milenario Camín Real de la Costa, empleado por los peregrinos de antaño, pero existe la posibilidad de ir desde aquí a la mencionada Playa de Gulpiyuri(tras cruzar bajo este puente ferroviario) un verdadero "lago salado" cerrado al mar por una colina rocosa pero comunicada con este subterráneamente, e ir después a Naves (si bien es un recorrido mucho más largo) o continuar por la senda costera, aunque en este caso ya no estaríamos haciendo propiamente el Camino Norte. Si el peregrino no tiene demasiada prisa puede visitarla, pues merece la pena


Estimamos oportuno poner una foto de la carretera, de tres meses antes que la anterior, al principio de la primavera, vacía de coches en sus arcenes


Y esta es una foto del mes de julio, parece que hasta la arena desea ocupar el asfalto trazado sobre sus antiguas dunas, como ansiando recuperar lo que un día le arrebató


Continuamos por el arcén, si no puede ser por el izquierdo, donde vemos el parking de aparcamiento en batería, habrá de ser por el derecho, donde el arcén no es demasiado ancho pero al menos existe. Tiene una profunda cuneta bastante ancha, pero caminar por ella es problemático, dificultoso y propicio a tropiezos y resbalones


Se impone pensar en prolongar la senda peatonal con guardarraíles y barandas de protección hasta la entrada al pueblo de Naves en La Puntiga. Estos penosos tramos de carretera sin mayor aliciente decantan a muchos peregrinos a escoger la senda costera, con lo que abandonan el trazado histórico, que no pasa por los pueblos sino que se acerca lo más posible a la primera línea de costa


Este es precisamente otro de los accesos a dicha senda costera, a medio camino entre las playas de San Antolín y Gulpiyuri: seguimos de frente por el arcén para llegar a Naves


No es un trayecto muy largo hasta La Puntiga, donde dejaremos esta AS-379 (La Pista), pero no podemos negar que este trecho de unos 800 metros además de monótono no está exento de peligrosidad para el peatón: llegamos a otra de las temidas curvas de la carretera


La curva está justo en el kilómetro 15, bajo los puentes de la autovía, al sur de La Coviella. Esta carretera partió en dos la antigua Vega Beón, nos lo explica también  M.ª Concepción Vega Obeso:
"Pradería llana que antiguamente se extendía desde la entrada de Naves en dirección este descendiendo hasta la misma playa. El terreno sufrió dos cortes, el primero hecho por la línea del ferrocarril a principios del siglo xx y, más tarde, otro a causa del paso de La Pista en los años 60, lo que propició una distribución de prados a ambos lados de dichas vías de comunicación. Actualmente se conoce con este nombre la parte baja localizada más al noroeste hasta las inmediaciones de la playa que le da el nombre"

Pasaremos así bajo los viaductos de la A-8. Ni qué decir tiene que si en algún momento dado tenemos visibilidad, crucemos con prudencia la carretera a la izquierda si no hemos podido hacerlo antes, pues viene a ser lo preceptivo para ver los coches según vienen hacia nosotros. Si bien la autovía lleva ahora el grueso del tráfico esta carretera sigue registrando un muy importante paso de vehículos, máxime en verano con las playas


Pasamos ahora junto a la caseta del consorcio de aguas bajo las boscosas laderas de La Boriza, parte de El Llanu Naves o Llanu Santana, dice Vega Obeso:
"Antigua pradería y castañedo, en la actualidad está plantada de eucaliptos. Se localiza en la falda este del Monte, en la Cuesta las Cruces, entre la Riega Rumaldo y la Riega Cucia"

Desde la playa la carretera asciende suavemente hasta llegara aquí, pasando a la altura de la nave de Talleres Amor


Ya caminamos en llano cuando llegamos al barrio de La Pontiga o La Puntiga, aquí dejamos la carretera AS-379 para tomar el camino de la izquierda, que se dirige al centro de Naves a la Plaza Santana. A nuestra izquierda baja canalizado, y aparentemente seco en esta foto, el Ríu Romeca, que recibe las aguas de varios arroyuelos, como La Riega la Vallina


La canalización forma un surco a la izquierda del Camino en La Puntiga. Un pequeño puente da acceso a la finca de la izquierda y un guardarraíl señala el borde de la orilla



Es La Caleya d'Argumeda, como se conoce al camín real a su paso por Naves, atravesando sus barrios principales. Aquí, aunque asfaltado, se conserva más fielmente su trazado histórico



El camino es muy llano, no suele tener demasiado tráfico salvo tal vez algún fin de semana de verano y durante las fiestas. A la derecha la urbanización La Pontiga


El el muro y cierre de la urbanización La Pontiga, conchas y flechas orientan nuestros pasos por La Vega Naves, la parte de la antigua Vega Beón más cercana al pueblo y de la que quedó separada por las infraestructuras viarias


En la urbanización pasaremos junto a la Casa la Gaveta, dedicada a alojamiento rural. A la izquierda y en la ribera del Romeca hay un área de descanso


Es una franja verde con arbolado que se extiende por esta ribera, un murete de piedras la separa de la antigua Caleya d'Argumeda, en cuyo margen derecho se extienden las casas de la urbanización


La antaño caleya es en la actualidad el principal acceso a Naves por el este, comunicación directa con la Playa San Antolín


Por su parte la construcción de este pequeño parque era así anunciada en el periódico El Oriente de Asturias el 10 de septiembre de 1963:
"El Ayuntamiento proyecta actualmente una preciosa iniciativa en la entrada de la población, en las proximidades del cementerio, precisamente donde se unen la antigua carretera y el camino real. Va a considerarse una zona de descanso, con una digna prestancia y que completará la mejora de uno de los tres accesos al pueblo, que culminará con otros proyectos ya en marcha, la atención de nuestras autoridades en el progreso de nuestro medio rural, en el cual todos debíamos cooperar con entusiasmo, dando con ello una muestra de gratitud a la que nos debemos, y a la vez ser consecuentes con cuantas personas nos acompañan en nuestras casas de labranza, tantos y tantos que nos visitan habitualmente, nos admiran, nos quieren y nos respetan. Cuidemos con mimo nuestro presente y preparemos con optimismo nuestro futuro. Puede ser un reto"

Un poco más allá está efectivamente el cementerio de Naves, cuyo origen data del tiempo en el que esta población, antigua dependencia monacal-parroquial de San Antolín, se constituyó como parroquia independiente a principios del siglo XIX, llegando a tener ayuntamiento propio durante el Trienio Liberal (1820-23). Recordemos que la singularidad de la parroquia rural en Asturias, Galicia, y otros lugares del mundo, hacen de ella una entidad no solamente religiosa sino también civil a efectos de agrupación social y vecinal, de ahí su importancia para la organización del territorio


Una de las instituciones civiles de la parroquia es el alcalde pedáneo, siendo especialmente recordado Ramón Vela Varela, pues durante los años que ejerció el cargo se acometieron importantes obras públicas que transformaron Naves. De él y de otras curiosidades de su tiempo habla en Bedoniana 2002 el poeta Pablo Ardisana:
"Naves fue declarado «Pueblo más bonito de Asturias» el año 1961. En aquel jurado repetitivo cortaba especialmente el bacalao, como suele decirse, el pintor Paulino Vicente. Y don Paulino, como artista que era, sabía elegir. Y tanto como elegir, disfrutar. Invitado por la familia Vela-Carriles disfrutó más de un inolvidable San Antolín. Aparte de lo de siempre y de lo que iba llegando, Naves en la década de los sesenta era políticamente correcto. 

El pueblín que laboraba y se divertía bajo el patronazgo del santo francés, no sufría ningún tipo de trastorno político ya que guardaba rigurosamente el consabido régimen. Ramón Vela desempeñaba los cargos y autoridad de concejal y teniente alcalde del Excmo. Ayuntamiento de la Villa y la pedanía de Naves. Todo lo cual quería decir que mandaba a esgaya. Si no tou, cásique tou. No debe olvidarse que en la década de los sesenta, ya consolidado el plan de estabilización de 1959, los factores económicos iniciaron el despegue de la etapa que se conocería más tarde con la etiqueta de desarrollismo

Gran parte de las mejoras viarias y de traída de aguas y otras infraestructuras, se las debe Naves a sus hijos de ultramar, los emigrantes a América. El propio Ramón Vela Carrera, escribe en mayo de 1993 en El Oriente de Asturias, con motivo del número especial por su 125 su aniversario, el artículo al respecto titulado El Oriente de Asturias visto desde una aldea: Naves:
«Veamos lo que significó para esta Parroquia en el recuerdo de sus gentes. A principios de este siglo reflejó ampliamente las mejoras introducidas por los hijos de Naves residentes en América, como la traída de aguas para las fuentes con destacados y artísticos monumentos en piedra, ampliación y trazado de caminos, la mejora de la plaza; construcción del cementerio y su posterior ampliación, construcción de un noble edificio escolar con un entorno dignísimo, una de las plazas denominada de la Bolera, últimamente ha sido remodelada por el Excmo. Ayuntamiento realizando una noble pavimentación en piedra, acaso la mejor en todos los pueblos del Oriente, con gran contento y satisfacción de todos. (...) 
Naves siempre ha sido un pueblo agradecido y prueba de ello son las placas que en sus fuentes recuerdan a sus bienhechores y en las Escuelas esta patente, también el recuerdo a sus maestros mas admirados por su labor didáctica y atención a sus gentes».

El cementerio, por ejemplo, fue financiado por el indiano tabaquero Juan Obeso Carriles, vicepresidente de la empresa La Flor de Naves, fundada en La Habana por su paisano navizu Juan Cueto Collado y su hermano Ramón. Más adelante y coincidiendo con la gran reforma de la parroquial de Naves (de la que hablaremos enseguida) en 1924, fue ampliado con donación de los familiares de Pedro del Cueto

La Caleya d'Argumeda se ensancha al llegar al cementerio, con su explanada de aparcamientos. Dos leyendas nos cuenta Mª Concepción Vega Obeso de este camposanto en El vecindario de Naves: anécdotas y escenas de la vida cotidiana, de la revista Bedoniana 2010, una la titula El Cementerio: el muerto viviente:

"Genaro era un habitual del chigre que frecuentaba con dos amigos, amantes de la bebida como él. Ya hacía unos días que se había enterrado y al acudir al bar echaban en falta a su amigo de borrachera. Entonces, ya bien bebidos, decidieron llevarle una botella al cementerio para compartirla con él. Un vecino que oyó tal conversación, les retó a que no se atreverían a acercarse al camposanto; entonces ellos, envalentonados, decidieron ir juntos en moto. Pero el vecino que los había retado, conocía un atajo para llegar al cementerio y saliendo del bar antes que ellos, y corrió a esconderse dentro del mismo. Cuando los dos amigos del muerto llegaron en moto la dejaron arrancada y apoyada en su pedal despreocupados. Al acercarse a la tumba y ofrecer la botella al muerto se oyó una voz de ultratumba que decía: —¿Por qué no mi dejáis descansar en paz? Salieron corriendo aterrados de miedo dejando la moto allí arrancada que no se silenció hasta que se acabó la gasolina"

Y la otra es La Guardia Civil: el reparto de los muertos:

"En aquellos tiempos en que no había muchos entretenimientos, era costumbre ir a sustraer las frutas de la temporada a las huertas de los vecinos. En época de los higos unos atrevidos, después de robar una buena cestada, fueron sigilosamente a repartirlos sobre un muro del cementerio. La pareja de la Guardia Civil hacia su ronda habitual por los alrededores del pueblo, y oyeron una voz que venía del cementerio, que decían: 

—Esti pa tí y esti pa mí. 

Se acercaron para ver de qué se trataba; entretanto dos higos cayeron fuera del muro y el que repartía, antes de que llegaran, dijo: 

—Y los dos que están fuera pa ti. 

Y los guardias civiles dieron media vuelta y velozmente se alejaron por donde habían venido, muertos de miedo"

Sobre la puerta hay un frontón con dos inscripciones: la de arriba, bajo la cruz, dice: Cementerio parroquial de Naves y Beón, y debajo otra en una placa de mármol con letras doradas...

PODREDUMBRE, POLVO, NADA

ME QUEDA LA DE LA VIDA

DEJAD SOBRE MI MIRADA

UNA LÁGRIMA VERTIDA.

PEDID AL DIOS BONDADOSO

MI PERDURABLE REPOSO

                    AÑO 1881

La mayor parte de las fincas de Naves eran propiedad del monasterio de San Salvador de Celoriu, al que había pasado a depender el de San Antolín de Bedón con la reorganización de la Orden Benedictina en el siglo XVI. Este segundo fue el primero en ser desamortizado, en 1820, siendo sus propiedades subastadas en 1822. José María Moro plantea la situación y sus consecuencias en A propósito de un inventario de bienesde Naves y San Antolín sujetos a desamortización (1820-1823):, artículo de Bedoniana 2010 del que extraemos estos dos párrafos:

"Tales fincas se caracterizan (salvo lógicamente la casería de San Antolín) por su pequeña dimensión y moderado precio de tasación, propio del minifundismo existente en Asturias. Ello posibilitaba el acceso a la compra de campesinos con pocos recursos, pero en las subastas nada impedía que un mismo comprador rematase múltiples fincas, generándose una figura imperante en la Asturias del siglo XIX: el propietario multifundista"

"En cuanto a la desamortización de los bienes de la Iglesia en la que los campesinos confiaban que les permitiría acceder a la propiedad de las tierras que siempre habían trabajado, produjo una honda frustración, pues, sacadas a pública subasta, fueron a parar a manos de quienes tenían dinero o vales reales. Todo apunta a que las fincas fueron acaparadas por la burguesía adinerada que se afanarán a resarcirse de la módica inversión incrementando las rentas de los cultivadores"

La vía forma una calle encajonada entre los muros de estas fincas, hechos de piedra, memoria de los canteros de la antigua parroquia de San Antolín a la que pertenecía Naves antes de las desamortizaciones y otros avatares. Leemos en el Catastro de Ensenada (mediados del siglo XVIII):
"Entre los vecinos trabajadores de el campo de este concejo hay algunos que usan de maestros canteros, otros de oficiales y otros de aprendices cuatro meses al año, gana el maestro al día cuatro reales vellón, o tres y la comida, el oficial, dos y la comida, o tres, el aprendiz, dos, o uno y la comida, según queda regulada, y son los siguientes: (...) Juan Lucas Fernández, José Fernández, José Fernández, oficiales, vecinos de la parroquia de San Antolín"

Pero si miramos la piedra hemos de mirar también los tejados de las casas, memoria de los antiguos teyeros de Llanes, de los que muchos eran de Naves y antigua parroquia de San Antolín, artesanos ambulantes ceramistas de los que mucho hemos hablado en nuestro discurrir por Llanes y habremos de seguir hablando, son los llamados tamargos, que tenían su propia jerga o xíriga de oficio, el mansoleaEl Catastro los nombra;

"Que hay muchos trabajadores de el campo que todos los años se ocupan en la fábrica de teja, desde mediado de mayo, hasta mediado de septiembre, así en este Principado, como en otras provincias, unos de maestros, otros de oficiales, y otros de aprendices, que son (...) Joaquín Marina, Francisco Bernardo de Hazes, Lorenzo de San Martín, Juan Francisco Rodríguez, Dionisio Riegas, y Francisco su hermano, Juan Pesquera, José Colio, Francisco de San Martín, Ignacio de San Martín, Esteban García, Juan Colio, Juan de Puertas Prieto, Francisco de el Asprón, Sebastián de Oveso, Gaspar Sañudo, Lucas de el Otero, Pablo San Pedro y Francisco su hermano, Miguel Pesquera y Francisco su hermano, Pedro Platas, hermano de Pedro, y Antonio de Bela, hermano de Fernando, oficiales, Manuel y Francisco San Pedro, hijos de Benito, oficiales, y Fernando su hermano, aprendiz, Felipe Llaca, Feliz Sánchez, Miguel de Cué, José de Sierra, Román de Bela, Juan Sánchez, José de Castro, Francisco Prieto, Juan de el Barrero, Bernardo de las Marinas, José de Estrada, Esteban Pesquera, Francisco Balmori, José Díaz, Miguel Pontigo y Antonio Barrero, maestros, y Francisco hermano de éste, oficial, Bartolomé de Poo, su padre, oficial, Juan de Roza, maestros, y Juan su hermano, aprendiz, Francisco Díaz, maestro, y Juan su hermano, aprendiz, Simón de Villar, maestro, y Juan su hermano, oficial, Domingo de San Martín, maestro, y Antolín, su hermano, aprendiz, Anselmo Gutiérrez, maestro y Manuel su hermano, oficial, Pedro Barrero, maestro, y Gregorio su hermano, oficial, Lucas de San Martín, maestro, y Francisco su hermano, oficial, Miguel de el Otero, maestro, y Juan su hermano, oficial, todos vecinos de la parroquia de San Antolín y su hijuela de Rales"


Estamos en el que para el poeta llanisco Pablo Ardisana fue uno de los valles más hermosos del mundo, al que pertenece Naves, según plasma en Bedoniana 2003...
"El Valle de San Jorge (o San Jurde o San Xurde) tiene el límite oeste del río Aguamía, que separa los concejos de Llanes y Ribadesella; por el este la linde también es un río: el Bedón o Beón, denominado así hasta Puentenuevu, ya que a partir de dicho caserío se denomina de Las Cabras; por el sur el valle se cierra con frontera serrana y por el norte se abre en límite marino. Contemplado desde el aire semeja un triángulo isósceles con base en el Aguamía y vértice en el Bedón. Fue antaño uno de los valles más hermosos de Asturias, que es decir uno de los valles más hermosos de la tierra. Si se atiende a los viejos documentos que notifican sus gracias se advierte un paisaje prodigioso, donde la caza era abundante, los frutos golosos y la pesca proporcionaba verdaderas delicias. Sus veintitantos kilómetros cuadrados albergan las parroquias de San Pedro de Pría, San Jorge de Nueva, San Miguel de Hontoria, San Julián de los Carriles y San Antolín de Naves. Los habitantes vallesanos fueron siempre campesinos de cuerpo y alma. Por estrictas e ineludibles necesidades económicas los hombres del valle además de avezados labradores ejercieron con suma destreza el oficio de tejeros o tamargos por diversas partes de la región, y traspasando sus límites dejaron durante siglo y medio sus interminables esfuerzos en la teja y el ladrillo (la tamarguina y el morondu) por la vieja Castilla, la vecina Montaña, las Vascongadas y el reino de Navarra. Las penurias económicas y su bien probada capacidad para ejercer el trabajo más allá de las fronteras regionales dieron y afianzaron la disposición anímica para la emigración ultramarina. Esta se venía realizando desde el siglo xvi, pero eran los hidalgos segundones los que vencieron la inmensidad de la mar, colocándose en puestos de la administración de los virreinatos. La secuencia emigratoria de los más pobres comenzaría después, siendo la del siglo XIX quien inició los cambios fundamentales en el valle, que seguía en las estructuras del dominio impuestas por el clero y la nobleza rural"


A la derecha, la AS-379 atraviesa la antigua Vega Beón, dividiéndola en dos junto con la carretera y el ferrocarril, barrios de Oreyán, Marrón y La Pedrera, solar de casonas solariegas y palacios indianos en esta parroquia de Naves de la que dice así el Diccionario de Madoz mediado el siglo XIX:
"Naves (San Antolín) Feligresía en la provincia y diócesis de Oviedo (15 leguas) partido judicial y ayuntamiento de Llanes (2). Situación en llano a orillas del mar Cantábrico, con buena ventilación, clima templado y muy sano. Tiene 70 casas repartidas en el lugar de su nombre y en el de San Martín. Hay escuela de primeras letras frecuentada por indeterminado número de niños. La iglesia parroquial (San Antolín) se halla servida por un cura de ingreso y patronato del obispado. Confina el término Norte mar Cantábrico; Este y Sur Posada; y Oeste Hontoria. Hacia el Norte, o sea en la costa, existe la gran playa o abra de Bedón por donde desagua el río de San Antolín, que nace en Cabrales a distancia de 2 1/2 leguas; y recibe las aguas de otro río que tiene origen en Piedrahita; tiene un puente de madera a donde llega el mar en vivas mareas; a la derecha de la desembocadura del citado río existió el antiguo monasterio de Benitos titulado San Antolín de Bedón, cuya comunidad fue incorporada a la del monasterio de Celorio distante una legua; actualmente se ven los restos del expresado convento de San Antolín habitados por una familia que en lo municipal depende de la feligresía de Posada. El terreno es de mediana calidad. Los caminos dirigen a Santander y Oviedo y se hallan en regular estado. Producción: maíz, poco trigo, patatas, castañas, algunas frutas y muchas naranjas y limones; se cría ganado vacuno; caza escasa de liebres y perdices y pesca de truchas, mujiles, llobinas y otros peces. Industria: la agrícola y fabricación de tejas. Población: 70 vecinos, 300 almas"

Camino adelante pasamos del barrio o lugar de La Puntiga al de La Jondera o H.ondera (con hache aspirada) "Barrio de cinco casas y dos hórreos situado en el punto más al este del pueblo, en las cercanías de La Puntiga", nos informa Vega Obeso. Por su parte Pablo Ardisana continúa plasmando sus impresiones en Bedoniana
"En el territorio comprendido entre ríos, las sierras y la mar, Naves, su parroquia, ocupa la parte más pequeña, la del vértice triangular. Lo navizu es un pequeño rincón. Imitando con todas las distancias y salvedades el poema de Fernán González con lo de «Castilla era un pequeño rincón». Aquella Castilla, aquel condado embrionario, asombraría al mundo. También, aunque a escala tan mínima como sorprendente, el paisaje y el caserío navizu asombraron y asombran cada día al visitante"

Soberbios caserones, pero si bien Naves es pueblo indiano, no lo es tanto solariego de escudos heráldicos y blasones en las fachadas:
"Si se recorren los caminos y los barrios del pueblín no se advierten en las casas huellas o vestigios antiguos: ni ventanas de antañona cantería ni un rastro de blasón (...). Es fácil conjeturar que el fundamento de Naves fue el monasterio bedoniano como extensión del más poderoso que era San Salvador de Celorio. Se puede decir que Naves fue una fundación benedictina. El terrazgo navizu, tanto de pastizal como de labrantío, serviría para el asentamiento de colonos dependientes del monasterio. La situación del caserío se puede entender por el valor acuífero de la cuesta, así como el topónimo La Pola el posible arranque del núcleo poblacional"

Siguiendo La Caleya d'Argumeda vamos acercándonos al centro de la población por el barrio de Santana


El barrio tiene este nombre por ser donde estuvo la capilla de esta advocación, sobre la cual se construyó en 1804 la primera parroquial de Naves al traerse aquí los cultos desde la iglesia del aún monasterio-priorato de San Antolín dependiente de Celoriu, tal y como nos informa el ya reseñado Diccionario de Madoz:
"... parroquia del antiguo monasterio de San Antolín de Bedón de monges Benitos, situados a la derecha en la desembocadura del río. Reunida esta comunidad, cuando la reforma de Valladolid, a la del monasterio de Celorio que se halla a una legua de distancia, el abad nombraba un monge que residente en San Antolín, daba en esta iglesia el servicio parroquial a los pueblos de Naves, Rales y San Martín, colocados a la margen opuesta del mencionado río, al cual cruzaba un insignificante puente de madera que con frecuencia se inutilizaba, y por cuya razón el lugar de Naves solicitó y consiguió en juicio, que el mencionado monge residente en San Antolín se fijase en el mismo Naves y prestase el servicio espiritual en una ermita bastante capaz que existía en este pueblo, titulada San Vicente y Santa Ana, hoy iglesia desde el año 1804"

La iglesia, como la del viejo convento, está bajo la advocación de San Antolín y a ella fueron traídos muchos enseres y objetos litúrgicos del templo del monasterio, pero nunca se olvidaron los cultos a Santa Ana, es más, como es normal en Llanes, el pueblo se divide en bandos para organizar y divulgar las fiestas, como nos señala la investigadora Yolanda Cerra Bada en El territorio sagrado en la parroquia de Naves, de Bedoniana 2001:
"Mientras, el santo titular del monasterio, que antes era el patrono de toda la parroquia, sirve de soporte a una fiesta identitaria de la mitad de la población de Naves que contiende con los que toman como referente a la figura de Santa Ana. La segmentación es geográfica: unos se localizan en torno al barrio de la Bolera; otros, en torno al barrio de Santa Ana. La iglesia parroquial, que alberga a los dos santos, utilizada por ambos bandos, es neutral. Pero la fiesta profana transcurre en territorios distintos, «propios» de cada barrio. Los de San Antolín utilizan las inmediaciones del monasterio, el castañedu, para hacer una comida campestre y realizar el espectáculo del toro de fuego, actos que se engloban dentro de las actividades del día festivo, el 2 de setiembre. También usan este espacio para presentar los volúmenes del anuario Bedoniana, concebido como porfolio de fiestas"

En un principio el párroco siguió viviendo en la casa del monasterio de San Antolín, desde que aún era priorato a cargo de San Salvador de Celoriu, teniendo que pasar el río para acudir a celebrar los oficios, tanto a esta como a otras iglesias de su jurisdicción. En El archivo parroquial de San Antolín de Bedón y Naves sus autores, José María Fernández Hevia y María Jesús Villaverde Amieva, dicen que: 
"En cuanto al personal a cargo de la parroquia, y hasta la desamortización del monasterio de Celorio, ésta estuvo servida por un monje Prior y Vicario Cura (...) A partir de entonces, la parroquia ha estado a cargo de un sacerdote que, en los últimos años se encarga además del servicio de las vecinas de Nueva, Hontoria, Pría, Los Carriles y Celorio. Para la administración y rendición de las cuentas de culto y fábrica, hasta 1890 se nombraba un mayordomo y unos consiliarios, siendo a partir de entonces aquél sustituido por el párroco"

Más adelante, los vecinos consiguieron que los párrocos residiesen en Naves, en las inmediaciones de la nueva iglesia parroquial, en principio en la llamada Casa de Campu, nos dice también Vega Obeso:
" Casona donde vivió el último el último monje de la Monasterio de Celorio que a la vez fue párroco de San Antolín y Naves. Tenía su propia fuente que databa de la traída del agua en 1903, por haber sido sus propietarios benefactores de la acometida general en el pueblo" 

Esta iglesia de San Antolín no es tampoco la construida en 1804 sobre la capilla de Santa Ana, sino fruto de una reforma integral, prácticamente una nueva construcción, comenzada en la primavera de 1923, arrancándose primeramente en febrero tres grandes castañales para dejar libre el espacio para edificar esta nueva iglesia, para la que se trajeron 150 carros de piedra desde El Caserón, viejo edificio del barrio de La Capillanía que se cree fue propiedad monacal y que fue aprovechado para levantar este nuevo templo. El Oriente de Asturias del 21 de abril daba la noticia:
"Con gran satisfacción de los vecinos de esta parroquia comenzaron los trabajos de la construcción de la nueva iglesia el día 12 de la actual; ya están. En abril  fuera de cimiento las paredes de una de las capillas laterales, y el 18 comenzaron a derribar las paredes de la sacristía y capilla de Santa Ana, para abrir los cimientos de la capilla mayor y la lateral de la parte Sur. Se espera que dentro de unos días se pueda trasladar el Santísimo a un lugar adecuado, para poder destruir la iglesia vieja, y poder trabajar con más libertad y seguridad conforme al plano aprobado por el Iltmo. señor Obispo. Algunos de los hijos de este pueblo residentes en México han comunicado el envío de sus donativos para esta obra tan necesaria, y todos los demás cooperarán también con entusiasmo"

El Oriente de Asturias, junto con El Pueblo, noticiaban los avances de la obra con mucho detalle según transcurrían los días, las semanas y los meses. El segundo daba cuenta el 4 de agosto del derribo de El Caserón situado junto a otra de las capillas de Naves, la del Rosariu, para aprovechar sus materiales para el nuevo santuario, lo que dio lugar a un grave problema con las familias de su patrocinio:
"Ya tiene el cura párroco de Naves dinero suficiente para proseguir los trabajos hasta terminar la iglesia parroquial en construcción. Para ello, el Obispado dispuso fuera derribada la casa fundación de la capellanía de Nuestra Señora del Rosario, de esta parroquia, y empleados los materiales en aquélla.  

Ayer quitaron el tejado y derribaron un trozo de los sólidos muros, de magnífica piedra de sillería, sus huecos y esquinas, con cuya desaparición pierde este vecindario uno de los vestigios más característicos de su antigüedad. Hace más de veinte años pretendieron don Manuel Collado Collado y después el excelentísimo señor don Pedro Cueto Collado, ya fallecidos, lo que ahora logran los deudos del segundo de los mencionados, mediante un donativo de miles de pesetas. Está bien. 

Lo que no está bien que este asunto sea motivo para que se agrande la llamada del odio entre dos familias que se creen con iguales derechos para pretender del Obispado los bienes de dicha capellanía. 

Al parecer, el cura párroco, para fundar la iglesia que se construye, solicitó gratuitamente de una de las familias mencionadas, terrenos, árboles y dinero, éste para la suscripción, y una vez obtenido lo solicitado, pasó a tratar sigilosamente del asunto de la capellanía con la parte contraria. 

La resolución del Obispado causó, al saberse, la natural sorpresa. 

Ayer, al requerir el cura párroco a la inquilina de la casa de referencia para que desalojara el local, hubo el consiguiente alboroto. 

Bien está que el cura párroco se haya arrimado al sol que más calienta, ya que las debilidades humanas a todos alcanzan; pero el buen sentido aconseja, y hasta otra cosa también aconseja lo mismo, que si tenía un plan preconcebido no debiera haber solicitado ni terrenos ni árboles, ni haber contemporizado con la cuestión de la capellanía cerca de la familia que resultó burlada"

Además de canteros y maestros de obras, los vecinos trabajaban también en esta labor  de construcción del nuevo templo, los hombres por lo general acarreando los materiales de El Caserón y las mujeres trayendo arena de la playa para el mortero. Tras un verano agotador, la iglesia se inaugura el 24 de noviembre de 1924, esta es parte de la crónica de la solemne jornada en El Pueblo:
"El domingo pasado, día 23, tuvo lugar la mencionada inauguración de nuestra flamante iglesia parroquial, con misa solemne, excepcional por su suntuosidad, habiendo asistido a ella gran número de señores sacerdotes, oficiando nuestro cura párroco señor Merediz, y asistiendo a dicho acto religioso el señor arcipreste don Rosendo Lorenzo, en representación expresa del ilustrísimo señor Obispo de la diócesis, que excusó su asistencia, dando realce al acto el señor Moriyón, sochantre de la iglesia parroquial de Llanes, y otros cantores de la misma. El señor Campal, canónigo de la Basílica de Covadonga, dirigió a los fieles allí congregados –muchos de ellos de las parroquias inmediatas– un elocuentísimo sermón. El vecindario levantó un arco de follaje y flores delante del templo. A continuación se reunieron dichos señores, y personas de su amistad, en la escuela pública de niñas, donde se celebró el banquete propio del caso que fue servido por un restaurant de Llanes. Las casas del vecindario, en su mayoría, estaban vistosamente engalanadas en ventanas y balcones con colgaduras que daban alegre nota."

El mismo periódico informa de las cuentas resultantes, de las más de 33.000 pesetas recaudadas par los trabajos se llevaban gastadas unas 35.000, es decir,  2.000 más, un déficit que el párroco esperaba cuadrar con más donaciones, pues aún estaban pendientes la sacristía, el pórtico y otras actuaciones. El mobiliario también se consiguió en base a donaciones:
"En la inauguración de la iglesia se bendijo un hermoso retablo, que costeó don Benigno del Cueto, para la capilla mayor, y su bondadosa señora regaló los ricos manteles del altar. La excelentísima señora Condesa de la Vega del Sella también regaló un bonito candelabro para colocar delante del viril; doña Manuela del Cueto hizo donación de cuatro candeleros, y el señor cura de San Tirso el Real, de Oviedo, igualmente obsequió a esta iglesia con un bonito paño de hombros y una artística bolsa de viático"

Y es que ciertamente la iglesia estaba inaugurada, bendecida pero no exactamente terminada. En 1926 el párroco solicita ayuda para cubrir el déficit de 1.450 pesetas que aún había y para construir otro elemento pendiente, el coro, junto con una bolera en el campo de la iglesia y una biblioteca en un local paralelo al pórtico que hiciese las veces de centro social de la juventud


Hemos dicho que junto con la nueva iglesia se emprendieron otras intervenciones relacionadas, como la ampliación del cementerio, pero también se reparó la Fuente de Santana, situada a sus pies. con cargo a Pedro del Campo, así como el mismo párroco, pues el agua era muy necesaria para los trabajos de construcción


La Fuente Santana (juente o h.uente, con hache aspirada) se inauguró junto con la de La Bolera, que veremos a continuación, el 12 de julio de 1903 con la traída de aguas, patrocinada cómo no por los indianos, dice M.ª Fernanda Fernández Gutiérrez en Naves, año 1903: la traída de aguas y las nuevas fuentes hacen historia (Bedoniana 2003):
"El abastecimiento de aguas es una infraestructura que con frecuencia emprende este grupo de emigrantes en zonas escasamente urbanizadas o aún rurales y que merece cierta reflexión. Las obras hidráulicas acometidas, junto a trabajos tales como cementerios, electrificación, espacios públicos de recreo y otros deben entenderse dentro del ámbito de la obra pública y responden a esa voluntad de mejorar el nivel de vida de sus paisanos, congraciándose con ellos y ofreciéndoles una cara amable, pero asegurando asimismo su bienestar personal"

Antes que estas fuentes se había hecho una primitiva traída desde el manantial de La Cuesta hacia una modesta fuente, La Fuente la Calle, situada en el próximo barrio de este nombre (también llamada La H.uente d'Arriba), de la que hablaba el escritor llanisco José  Saro y Rojas:
"se han recogido las aguas de pura y cristalina fuente que alumbraba al pie de la Cuesta, siendo conducida por tubería de hierro al punto del pueblo en que actualmente se halla, aprovechándose sus aguas sobrantes para alimentar un sólido, espacioso y bien dispuesto lavadero cubierto, que también fue costeado con donativos particulares"

Empezando el siglo XX se realiza una cuestación entre los vecinos emigrantes de ultramar para costear diversas obras entre las que se encuentran la traída de aguas y estas fuentes, hechas con una estética podríamos decir que monumental y conmemorativa en relación a las anteriores, sencillas y meramente funcionales, cuenta  M.ª Fernanda Fernández Gutiérrez:
"Desde un punto de vista funcional, su disposición, en plazas céntricas, y su equipamiento difieren de las antedichas pero, más allá de mejorar el servicio, buscaban un efecto estético garantizando –a través de la consabida inscripción– que la actuación del prócer o benefactores no cayera en el olvido. La fuente sita junto a la iglesia parroquial, en la plaza de Santana, se corresponde con una sencilla estructura de piedra rosada, que consta de un basamento moldurado y un pilar rematado con molduras y piña. Se adosa un pilón sobre el que mana el único caño e incorpora una placa de fundición en la que reza la siguiente inscripción:  
«A expensas de 
 D. José del Campo 
D. Pedro Gavito 
D. José Barro 
D. Pedro y Tomás Barro y 
D. José Collado/ 1903» 
Está integrada en la urbanización de la plaza, en un cuerpo destacado en planta, disponiéndose a sus costados un banco corrido de piedra rosada. El pavimento del luneto se rebaja a los pies del pilón, tal vez para facilitar la recogida del agua que salpique o caiga fuera del mismo"

De esta fuente podría decirse lo mismo que dice Pablo Ardisana para la del vecino pueblo de Cardosu:
"La juente colocárenla en una veguina xuntu a la carretera pa que no sólu apagara las sedes del pueblu, tamién era generosa con los transeúntes, que eran munchísimos más los de a pie y carru que los de auto"

Y esta es la placa con los nombres de los benefactores que la hicieron posible...


En cuanto a las fiestas ya hemos dicho que las grandes, cada una con su bando son las de Santa Ana, advocación de la capilla preexistente; y San Antolín, advocación de la iglesia actual, festejándose asimismo la Sacramental y San Vicente. Yolanda Cerra Bada da una buena lección de estas celebraciones y su idiosincrasia en Fiestas semicomunales en Naves:los bandos e San Antolín y Santa Ana (Bedoniana 2010)
"En Naves, como en otros lugares del concejo de Llanes, no hay una única fiesta mayor representativa de la totalidad del conjunto social, sino dos festividades sucesivas, Santa Ana y San Antolín, producto de una segmentación en bandos opuestos cuyos partidarios rivalizan entre sí. Frente a lo que ocurre en otros lugares como en Andalucía donde también existe el modelo semicomunal, los bandos no son cofradías religiosas ni asociaciones masculinas, sino agrupaciones vecinales en las que se integran mujeres y hombres desde su infancia y constituyen, simultáneamente, poderosos referentes de identidad local. El surgimiento de este sistema festivo está en relación con acontecimientos de la microhistoria naviza del siglo xx, aunque encuentra un modelo muy cercano en la propia capital del concejo de Llanes cuando su segmentación semicomunal llevaba entonces casi un siglo de recorrido" 


La fiesta patronal de Naves es la de San Antolín, que años ha tuvo incluso feria con cierta repercusión comarcal, según puede leerse en el prensa de finales del siglo XIX. Tradicionalmente había dos lugares para el festejo, por la mañana en el campo del antiguo monasterio e iglesia de San Antolín, cuyo edificio era conservado por su dueño, Juan Pesquera Balmori, para que la romería se trasladase a la tarde y tarde-noche a la verbena en Naves. Con el transcurrir de los años el solar del antiguo convento sólo sería empleado para la jira o comida campestre y se centraría lo demás en este pueblo de Naves, sobre todo desde que se inauguró esta nueva iglesia en 1924. Respecto a la fiesta de Santa Ana, leamos a Cerra Bada, junto con una noticia que expone esta investigadora sacada de El Oriente de Asturias:
"Las noticias acerca de Santa Ana, que junto con San Vicente eran las otras fiestas del calendario navizo dedicadas a santos, comienzan en 1904, precisamente cuando recibe apoyo económico de «la bella y elegante señora doña Manolita Marqués», lo que permite actos dignos de reseña. Hasta entonces no debe pensarse en la inexistencia de una festividad dedicada a la santa –estaríamos en idéntico caso en lo que respecta a los bandos primigenios de la villa de Llanes–, sino en una celebración menor.  Un año después se pone de manifiesto el entusiasmo creciente por la misma:
 «Como es costumbre, se celebró en este pueblo de Naves el día 26, la fiesta de Santa Ana su patrona. Siempre hubo gran entusiasmo entre este vecindario para honrar la memoria de sus predilectos santuarios, entusiasmo que lejos de entiviarse cada vez crece más; prueba evidente es la animación reinante este año, tanto el víspera como el día de la festividad». 
Pero no será hasta 1913 cuando, costeada por «entusiastas indianos , vuelva a ser noticia; desde entonces, salvando el paréntesis bélico, la fiesta continúa un imparable ascenso, estratégicamente situada en pleno julio. Julio no es tiempo de ocio para los tejeros, que emigran en época cálida, pero sí para los veraneantes que comienzan a acudir a Naves y a Llanes, ya con servicio ferroviario desde 1905 y también para los indianos enriquecidos que, a su regreso estacional o permanente, se harán cargo de la fiesta, dando realce sobre todo a la parte profana y haciendo alarde de su poder económico («porque es cuando el indiano/ factotum de la función/ gasta, pródigo, el dinero/ y derrocha el buen humor»)9. La fiesta de Santa Ana recibe calificativos encomiásticos («archisuperior», «animadísimas y espléndidas») y se comenta el «derroche en pólvora»

Unos años después serán los indianos los que, tras el fallecimiento en 1920 del propietario del edificio del monasterio, apoyen la fiesta de San Antolín, pero sin que ello implique rechazo hacia la romería de Santa Ana, es más, grandes benefactores de la fiesta de la santa serán de los principales de la de San Antolín, como José Villa Barrero y Benigno Carriles del Cueto


Esta dualidad festiva pudo ser el origen de los dos bandos de Naves, San Antolín y Santa Ana, pero sin duda unido a otras causas, una de ellas es la imitación de la división en bandos que se había producido en 1837 en plena pugna entre liberales y absolutistas. Cada bando plasmaba una idea política, pero también de barrio y lugar de Llanes, según el apoyo a cierta fiesta y sus patronos, los padrinos de la misma promovían sus afinidades o desafecciones ideológicas:
"El hecho de que los bandos de la villa tengan origen político, aunque asientan sus celebraciones en lo religioso, es quizá la causa de su relativa independencia con respecto a la Iglesia. En efecto, un bando no es una asociación religiosa, no es una cofradía ni tiene por qué serlo. Las cofradías son asociaciones seglares con fines religiosos, sometidas a la autoridad eclesiástica correspondiente, frente a los bandos, que ni son asociaciones ni están sometidos a autoridad alguna"

Parece ser que, dentro de los actos de otra de las grandes fiestas de Naves, la Sacramental, la colocación de altares populares artesanales o portátiles entre los barrios de Santana y La Bolera, que podríamos decir que son los principales, en pleno corazón del pueblo, simbolizaba esa rivalidad vecinal según quién hizo ese altar, Santa Ana con la iglesia y La Bolera con su plaza, recientemente construidas ambas por entonces:
"En 1923 aparecen las primeras noticias documentadas de las glorietas de la Sacramental, en las que se resalta la rivalidad entre Santa Ana y La Bolera; en 1924 se levanta el nuevo templo parroquial sobre el antiguo, marcado por un largo desencuentro entre dos familias"
"Los testimonios orales de varios vecinos apuntan a que los bandos se gestan en la rivalidad de los altares que se levantaban el día de la fiesta Sacramental en el barrio de Santa Ana y en la Bolera antes de la contienda civil («Hasta la guerra no había picas»; «Las picas fueron después de la guerra, pero ya antes, por la Sacramental, empezó la cosa»)"

Pero la gran eclosión y asentamiento de los bandos de Naves parece tener lugar en plena posguerra y debido a la ubicación de la fiesta o algunos de sus actos según en cual de los dos barrios:
"Pero el hecho concreto que hace cristalizar los bandos parece ser el intento de trasladar unos actos festivos a la zona de la Bolera, protagonizado por jóvenes y frustrado por los viejos, ocurrido en la inmediata posguerra. En cualquier caso, la emergencia de los bandos supone poner en relieve dos fiestas que contienden en jerarquía, en apoyo económico, en el tiempo y en el espacio. San Antolín es el patrono de la parroquia, con asiento en lugar apartado, mientras que la capilla de la santa estaba en Naves; el ascenso de la fiesta de Santa Ana va en paralelo a la reasignación al santo de un espacio en el centro de Naves, tras larga indeterminación. En efecto, la fiesta del santo titular de la parroquia se celebraba lejos de Naves, en la iglesia del monasterio y su entorno. Una vez que se traslada la parroquia desde el monasterio al pueblo en 1804, se construye una nueva iglesia en el barrio de Santa Ana, que toma el nombre de la vieja capilla de la santa, aneja ahora a la construcción. Más de un siglo después, ya la chispa de los bandos encendida, el conjunto será reedificado. En esas circunstancias, el apoyo a la fiesta de la santa podría significar un debilitamiento del patronazgo oficial, paralelo al progresivo traslado de los actos festivos desde el monasterio hacia el centro navizo. El apoyo indiano de los años veinte supondrá una reafirmación del patronazgo, reforzada más tarde mediante aquella acción juvenil de trasladar los actos a la Bolera. En nuevas circunstancias sociales y tras larga rivalidad entre los altares representativos de los dos barrios, los bandos de Santa Ana y San Antolín, confundido cada santo con cada barrio, producen un reequilibrio de las fiestas y un desvanecimiento del patronazgo, necesarios ambos para el funcionamiento de un sistema festivo dual"

Efectivamente, otra investigadora, Nieves Herrero, realiza un soberbio estudio, titulado Las glorietas de Naves. Arte efímero para la celebración de la Sacramentalen el que explica el origen de estos altares y su relación con la aparición y consolidación de los bandos de Naves:
"Las primeras referencias a las glorietas en el archivo periodístico datan del año 1923 y a partir de ahí son ya continuas. Con anterioridad podemos observar otros motivos curiosos, como por ejemplo el que tuvo lugar el año 1894 y que consistió en que «fueron soltadas varias palomas y lanzadas al aire profusión de flores» delante de la casa de doña Rafaela Valdés. En la crónica del año 1922 se hace referencia a «tres altares portátiles decorosamente enramados por aprestos piadosos vecinos» en los que descansó el Santísimo. Pero, como decíamos, hasta 1923 no se habla de «glorietas». En la crónica de ese año podemos observar también que éstas se configuran ya como elementos en los que se concentra la rivalidad entre bandos que es característica de las fiestas navizas, pues se dice que «Santa Ana y la Bolera rivalizan en preparar y adornar glorietas muy bonitas para las estaciones que se acostumbran a hacer en la procesión». En efecto, esta rivalidad que enfrenta a los dos barrios que se articulan en relación a los centros que representan la iglesia de Santa Ana y la plaza de la Bolera y que se expresa en las fiestas de Santana y San Antolín respectivamente, no podía dejar de plasmarse en esta procesión en la que se idealiza el espacio urbano, pero que continúa reflejando al mismo tiempo sus diferencias y dimensiones socioculturales.

En efecto, esta rivalidad que enfrenta a los dos barrios que se articulan en relación a los centros que representan la iglesia de Santa Ana y la plaza de la Bolera y que se expresa en las fiestas de Santana y San Antolín respectivamente, no podía dejar de plasmarse en esta procesión en la que se idealiza el espacio urbano, pero que continúa reflejando al mismo tiempo sus diferencias y dimensiones socioculturales. El asunto de los bandos ha sido estudiado con acierto por Yolanda Cerra como reflejo de la segmentación geográfica y simbólica de la comunidad naviza. Ella sitúa en los años veinte del siglo pasado el resurgimiento de la fiesta de San Antolín, una fecha que coincide curiosamente con las primeras noticias documentadas sobre las glorietas que hemos situado en 1923 y con la inauguración de la nueva iglesia que tiene lugar en 1924"

La tradición local asegura que en algún momento se intentó llevar la fiesta de San Antolín de este campo y plaza de la iglesia al barrio de La Bolera, al que vamos a dirigirnos camino adelante, aduciendo que "el centro del pueblu era aquello y que las había que hacer allí", se dice era un grupo de mozos que catalizaba esta rivalidad vecinal:

"La oposición de los más viejos logró evitarlo ese año pero los mozos llevaron a cabo su afán diferenciador asumiendo el protagonismo en la organización de esta fiesta y llevándola a partir de entonces a los espacios que se hicieron propios del bando. En la iniciativa de estos jóvenes vecinos del barrio articulado alrededor de La Bolera, como en la propia construcción de su glorieta por la Sacramental en competencia con la de Santana, podríamos ver reflejada la pretensión de ver reconocida la relevancia urbana de este centro de carácter profano y secular, en el que se ubicaba también el edificio de la casa conceyu (y escuela), que disputa así su hegemonía al centro sagrado en el ámbito expresivo de la fiesta"


Saliendo de la Plaza Santana en dirección a La Bolera nos encontramos con esta preciosa hilera de casas. Como en gran parte, por no decir la inmensa mayoría, de los pueblos costeros cantábricos, sobre todo en concejos tan turísticos como el de Llanes, muchas antiguas moradas campesinas restauradas y
/o reformadas son en nuestros días alojamientos rurales o segundas residencias. 


Especialmente importante es, en esta misma Plaza Santana en el barrio de este nombre el Hotel la Fonte, en esta quinta con un hermoso hórreo centenario y mansión entre casona solariega y palacio indiano


La casa es el centro de una hermosa quinta ajardinada, cerrada con muro, verja y portón, que mira a esta plaza, escenario de las grandes fiestas de Naves, cuya idiosincrasia resume la investigadora Yolanda Cerra Bada:
"Hasta principios del siglo XIX, la feligresía a la que pertenecía Naves tenía su cabecera en el lugar de San Antolín, priorato dependiente desde el siglo XVI del monasterio de Celorio, razón por la cual uno de sus monjes desempeñaba el curato de almas. Integraban entonces la parroquia, además del propio lugar de Bedón, Naves, San Martín y la hijuela de Rales. La iglesia parroquial era pues la del antiguo monasterio de San Antolín, pero tenía el inconveniente de estar situada en lugar alejado y con problemas de acceso debido a que había que atravesar el río Bedón, cuyos puentes no estaban siempre practicables. Por ello, se plantea –ya desde el siglo XVIII– abandonar esa vieja sede y utilizar la capilla de Santa Ana de Naves, debidamente ampliada y transformada, para el culto parroquial.

El cambio se consuma con el traslado a Naves, en 1804, de la residencia del vicario. El culto ya se había desplazado anteriormente desde la ubicación más lejana del monasterio, en cuyo entorno tenía lugar desde tiempo inmemorial la feria y fiesta de San Antolín; sin embargo, la parte profana de la fiesta y la feria continuarán celebrándose el 2 de septiembre en las inmediaciones del monasterio

La feria parece languidecer a finales del siglo XIX . Por otra parte, los cambios sociales que acaecen en las primeras décadas del XX, con el regreso de los indianos, el auge del veraneo y los intereses regionalistas, así como ciertas desavenencias locales, hacen que San Antolín deje ser la fiesta patronal de la totalidad de Naves. Un nuevo templo parroquial, consagrado en 1924, se levanta en Naves sobre el lugar de la anterior iglesia, a su vez, erigida sobre la capilla originaria dedicada a Santa Ana. Por aquella segunda década del siglo xx, la fiesta en honor a esta santa recibe el apoyo de algunos indianos, entrando en una pauta de rivalidad con la patronal de San Antolín, que también obtendrá el patrocinio necesario para competir por parte de sus respectivos partidarios.

 El sistema festivo navizo se rearticula en la inmediata posguerra. En 1943 está claro ya en los programas de fiestas la segmentación en dos celebraciones semicomunitarias, Santa Ana y San Antolín, siguiendo el modelo de bandos de la capital del concejo llanisco"

Pero además de las de Santa Ana y San Antolín, junto con la Sacramental hay una cuarta fiesta basada en otro culto navizu con capilla propia, la de San Vicente, "el patrón de invierno", como le llama Yolanda Cerra Bada:
"Hoy, cuando se halla plenamente arraigado en Naves un sistema festivo dual en el que dos bandos rivales, Santa Ana y San Antolín, correspondientes a la mitad este y oeste respectivamente de esa localidad, compiten en el verano (en sus respectivas fechas del 26 de julio y 2 de setiembre) por lograr la mejor fiesta, se mantiene, pese a los rigores del invierno y a los cambios económicos y socioculturales acaecidos durante el siglo pasado, una festividad en honor a San Vicente, celebrada el 22 de enero en la intimidad local (...)

Al santo estaba dedicada una ermita que se levantaba en la ería de Naves, dando vista al arenal de San Antolín, de la que no quedan restos materiales. Persiste, sin embargo, en la memoria oral y en el topónimo San Vicenti , del que podemos rastrear antiguos testimonios escritos, como la venta de un terreno «en la hería de Naves, do dizen San Vizente», en documento del año 1733. San Vicente era la fiesta de invierno de Naves, aquella en la que todos los vecinos podían tomar parte, ya que cuando el tiempo era más benigno disminunía notablemente la población debido a que los hombres emigraban durante varios meses a las tejeras de Castilla y País Vasco"

Gracias a una reseña periodística del año 1887 podemos hacernos una idea de cómo se celebraba la fiesta por entonces, no importando cambiar de escenario entre la Plaza Santana y La Bolera según fuese la afluencia de gente, la cual circularía por esta misma calle donde ahora vemos estas casas de galería, corredor y cortafuegos. Seguimos leyendo a Yolanda Cerra Bada:
"En ese año de finales del siglo XIX, la fiesta de víspera comenzaba a las cinco de la tarde, cuando se procedía a anunciarla mediante cohetes y repique de campanas. La gente acudía a la plaza de Santa Ana donde tenía lugar animado baile al son del violín de «Xuan de Andrín» quien, acompañado de bombo, ejecutaba un variado repertorio con piezas antiguas y modernas. Aquel año abrió la romería con la mazurca; a continuación bailaron un vals-polka unas catorce parejas. Pero como el músico se diera cuenta pronto de que la mayoría de las personas no sabían lo moderno, es decir, los bailes de parejas enlazadas, cambió hacia lo suelto, con lo cual consiguió que salieran veintiséis parejas. Tras casi una hora, volvió a lo moderno –una habanera y una polka corrida– con lo que se dio por terminada la sesión de tarde. 

La gente regresó a cenar a sus casas la que por entonces se consideraba comida típica de esa noche: castañas del h. ornu y sidra. A las 9, unos cohetes anuncian que se reanuda el baile, trasladado, para huir de la intemperie, a la Casa Concejo, un edificio que se levantaba en La Bolera, en el extremo occidental de Naves. Sin embargo, tantas personas acudieron que fue obligado el retorno a la plaza de Santa Ana, a pesar de la fuerte helada. La fiesta duró hasta las doce de la noche y durante la misma se quemaron muchos cohetes, se bebió, se cantó y se bailó, a decir del cronista

El día grande comienza con salvas y repique de campanas. A las diez se inicia la procesión donde toma parte destacada el ramo de pan. La iglesia está adornada; se ocupan de ello la familia del mayordomo y el sacristán. Oficia la misa el párroco, acompañado de los de Rales, Pría y Nueva. La música estuvo a cargo del coro así como del violinista popular Juan de Andrín y de su acompañante que tocaba el bombo. A las doce empieza la parte profana. Se jugó una partida de bolos que duró hasta la una y media. Después de comer se sucedieron ininterrumpidamente otras a cargo de gente del Valle de San Jorge: Villahormes, Hontoria, Cardoso y Nueva. En cuanto al baile, hubo tanto bailes antiguos –fandango, jota, a lo gordo, a lo menudo, giraldilla– como modernos –polka, vals, mazurca, habanera, schotis–, acabando la fiesta con la danza (entiéndase prima), que es, al contrario que los cohetes anunciadores, el signo de cierre de los actos"

 Las conchas del Camino nos orientan de Santa Ana a La Bolera, es decir, de la parte oriental de Naves a la occidental, cada una simbolizada en sus fiestas de San Antolín y de Santa Ana, continúa diciendo Cerra Bada en otro de sus trabajos al respecto, La flor como símbolo de identificación:

"... en Naves, la fiesta, entre otras muchas cosas, es un medio para expresar una identidad semicomunitaria, para expresar el ser de Santa Ana o el ser de San Antolín, en total y absoluta disyunción excluyente pues no se puede ser de los dos bandos. Al existir una división dual entre dos conjuntos enfrentados lo que se produce es una negación simbólica de la estructura social, ya que el bando, compuesto de personas de diferente clase social, produce una ilusión de comunidad horizontal en la que no hay divisiones verticales. Por otra parte, dentro de la fiesta se perciben claramente las divisiones de sexo o de grupos de edad. 

Pues bien, en la fiesta de San Antolín, llevar una flor de geranio rojo sobre una rama de espárrago prendida en la solapa significa manifestar que se pertenece a ese conglomerado social lleno de variedad que es la mitad occidental del pueblo, lo mismo que llevar en la fiesta de Santa Ana una margarita blanca significa reafirmar la identidad semicomunitaria de la mitad oriental de Naves

 (...) La consolidación de la flor como símbolo de identidad comunitaria de los bandos llaniscos es un proceso que se desarrolla de modo progresivo. Empieza en la capital del concejo, siendo los partidarios de San Roque quienes, según los programas de fiestas, adoptan el emblema de la siempreviva en 1886. La elección final del clavel –en competencia con el heliotropo– para la Magdalena, así como el nardo para la Guía, parecen consolidarse después de la Guerra Civil16 . La costumbre se extiende desde la Villa hacia las aldeas colindantes. No sólo los vecinos de la Villa, también los de los pueblos de los alrededores de Llanes, pertenecen a un bando"


El desconocimiento de la secular división por bandos, tanto en la villa de Llanes como en otros pueblos y parroquias como Naves dio lugar a un sinfín de anécdotas, una de las más llamativas esta narrada también por Yolanda Cerra:
"...  la tradición oral da también cuenta de la siguiente anécdota ocurrida en Naves a finales de los años cuarenta o principios de los cincuenta del siglo pasado. Por entonces solía contratar la comisión de Santa Ana la Banda Militar del Regimiento del Príncipe del cuartel de Milán en Oviedo. Las mujeres de bando acudían a recibir a los músicos a la estación de Villahormes y les ponían la preceptiva margarita en la solapa. Pero en cierta ocasión, después de haber venido varios años para Santa Ana y de tener en consecuencia cierta familiaridad con este bando, fue contratada la citada Banda por la comisión de San Antolín para las fiestas patronales de septiembre. Las mujeres de Santa Ana, como hicieran otras veces, se presentaron a esperar a los músicos en la estación y les pusieron a su llegada la margarita en el ojal, de manera que aquellos –ajenos a la rivalidad entre bandos– se presentaron en Naves el día de San Antolín con el emblema de Santa Ana. La reacción no se hizo esperar: las mujeres de San Antolín despojaron de la flor rival a los atónitos músicos, les colocaron el geranio y, al parecer, hubo más que palabras en el pueblo. 

En conclusión y como hemos podido ver, las flores tienen gran predicamento en las festividades del concejo de Llanes. La fiesta es, por supuesto, diversión, pero también economía, sociabilidad, estética, emoción, ideología, creencia religiosa18. Y la flor, determinada flor en determinado contexto, es capaz de condensar todo un cúmulo de significados que tienen que ver con lo sociocultural; porque nardos, siemprevivas, claveles, margaritas y geranios son más que unas flores hermosas que se prenden en las solapas ciertos días del año; en Llanes han nacido para ser símbolos, estandartes, emociones..."

La antigua Caleya d'Argumeda vendría a ser, como parte del Camín Real, el eje vertebrador de Naves desde su posible fundación medieval benedictina dentro de los dominios del monasterio de San Antolín que después serían de Celoriu. La existencia de un barrio denominado La Pola al sur de este de Santana es sumamente revelador


La Pola es uno de los muchos derivados del latín populum aplicable a "comunidad humana", literalmente "la gente", pero que pasa a ser sinónimo de lugar habitado, especialmente dentro de ciertos preceptos, como el haberse fomentado el asentamiento de gentes aquí, posiblemente amparadas por el monasterio como parte de la colonización de sus dominios


Perdida la documentación de San Antolín en el pavoroso incendio del siglo XVI y siendo escasa la de Celoriu, únicamente podríamos hacer conjeturas al respecto pero hemos de entender que, hasta las desamortizaciones, un monasterio no era únicamente, ni mucho menos, un centro de retiro y oración, sino un gran organismo de administración y explotación territorial y agropecuaria


Por lo general al principio los monjes se encargaban de muchas labores directamente, ellos mismos y un grupo de colaboradores, sirvientes, ayudantes, vasallos, etc., haciendo realidad la máxima benedictina del Ora et labora, pero pronto cayeron en la cuenta que podría ser más ventajoso el arriendo de las tierras a colonos campesinos, en ocasiones con condiciones extremadamente favorables para el monasterio, mantenido con sus rentas. Esto favorecería el establecimiento de nuevas gentes, máxime en un enclave tan magníficamente comunicado por el camín real y así escribiría de todo ello el genial Pablo Ardisana en suRecuerdos de Naves, alcordanzas bedonianas:
"Naves, la so xente y el so caseríu, crecieron baxu la férrea tutela del monasteriu benedictinu de Beón. No pudo ser de otra forma ni de distinta manera. El fundador o los fundadores del monasteriu buscaren el amparu de las cuestas y del agua. Pesca, caza y bosque serían, primero que las dóciles tierras labrantías, el sustentu de las penitencias y oraciones. El dominiu de Naves se repartiría entre la comunidad benedictina y el señorío de la torre de San Jurde, por los acuerdos que con tanta devoción y asiduidad establecían los poderes eclesiásticos y señoriales. Y mientras los tiempos transcurrían con la lentitud del crecer de las encinas en los cuetos y los robles del pie de la cuesta, la xente de Naves fue desarrollando una labor hermosísima, fundamental: peazos de siembras y jazas de pastos, donde toda clase de reciella atenuaba la comezón de las jambres y se caltenía camino de las pequeñas propiedades y, decisivamente, de la aventura migratoria. Primero en las teyeras santanderinas, vascas, castellanas, cazurras y centroasturianas; después en las Américas tan lejanas como prósperas..."

Entre las casas del viejo camino nos llamará la atención esta, con un hermoso soportal. La construcción de la carretera general desplazaría al norte en parte el eje viario de Naves, al menos en parte, algo más al norte, al arrabal de Marrón, donde se construyeron por ejemplo las escuelas y alguna nueva quinta indiana


Bifurcación y a la derecha: hemos dicho en parte porque la calle que es aquí ahora La Caleya d'Argumeda constituye el cordón umbilical entre los dos grandes barrios centrales de Naves: Santana y La Bolera, en medio de estos valles o navas que dieron nombre a pueblo y parroquia


El tránsito de Santana a La Bolera es un delicioso paseo entre casas y algún terreno con árboles, huertos y flores: La Bolerina. El poeta local Antonio Cantero glosa así las bellezas de todos estos rincones del pueblo:
Que es Naves una aldea primorosa
 oigo decir aquí y allá a la gente; 
y es así, primorosa, ciertamente; 
o, si quieres, en alto grado hermosa. 
En la estación del año calurosa, 
el sol la alumbra esplendorosamente. 
Urbanizada y limpia y floreciente, 
bien merece el dictado de preciosa. 
Junto a ella rueda el tren y el auto rueda. 
Tiene monte, campiña, playas, río, 
bar, bolera, tres fuentes, arboleda, 
iglesia, escuelas, bello mujerío. 
Y el visitante atónito se queda 
al verla tan alegre en pleno estío.


En su libro poético Crepusculares, describe en estos versos, Sin aspiraciones, su ideal de vida en este apacible lugar...
Vivo sin ambición... Aquí, indolente, 
En apacible aldea recluído, 
Lejos de la ciudad, lejos del ruído, 
Transcurre mi existencia dulcemente. 
Aquí puedo observar cómo el torrente 
Lleva en otoño al mar embravecido, 
Las mustias hojas, secas ya, que han sido 
Ornato arbóreo en la estación ardiente. 
Las hojas y los seres, de igual modo 
Hacen sobre la tierra la jornada: 
Tras de breve existir, caen en el lodo, 
Y húndense en los abismos de la nada. 
¿A qué, pues, anhelar, gloria, riqueza, 
si es efímero don toda grandeza?

Pero la vida rural ha cambiado, en La casa de mis abuelos paternos recuerda a sus seres queridos y a las antiguas cuadras que había en cada quintana...
Casa en donde nació la madre mía: 
en tu umbral puse el pie por vez primera, 
lleno de gozo, cuando niño era 
y en ella seres de mi estirpe había. 
Ya al corredor no sale, cual solía, 
la abuelita que cariñosa era, 
ni el tío indiano, ni el de vida austera, 
buenos y cultos, ni la amada tía. 
Ya el establo de vacas no es morada, 
ni un árbol en la huerta ya se advierte, 
ni canta el gallo en la amplia corralada. 
Y a ti, casa, cerrada ahora he de verte, 
antaño por mis deudos ocupada 
que, poco a poco, se llevó la muerte.

Bifurcación y todo de frente: empezamos a ver al fondo los árboles de La Bolera. La Caleya d'Argumeda era pues el tránsito principal y continuo trasiego de gentes entre los escenarios festivos de su plaza y la de Santana. El día 6 de septiembre de 1952 aparece esta crónica anónima en El Oriente de Asturias titulada San Antolín en Naves, la cual se atribuye con total seguridad a Antonio Cantero:
"Pero ¿cómo fué, Juanín, 
que tan pronto regresaste 
a la Habana y no esperaste 
a honrar a San Antolín 
en tu querido pueblín? 
Figúrate, tres días de fiesta: domingo 31 de Agosto y 1 y 2 de septiembre; éste el de San Antolín. En la tarde del domingo, la orquesta de los simpatiquísimos «Panchines», de Llanes, llegó a Naves, a las cinco, y su llegada es anunciada con el disparo de potentes voladores. Luego, la jira a la playa de San Antolín, que se vió muy concurrida de gente y de veraneantes de todo el valle de San Jorge y de Posada, que a pie o en coche llegaron para pasar unas horas, contemplativos del mar, o jubilosos, participando de las expansiones del baile y escuchando los sones de tonadas astúricas de la gaita del gaitero de Bricia. Por la noche en «La Bolera», cuyos alrededores de la fuente estaban profusamente iluminados con luz eléctrica, bombillas de diversos colores y engalanados con gallardetes de distintos colores, se celebró la primera verbena hasta las dos, pues como entrenamiento eran suficientes cuatro horas de baile para la juventud..."

Bifurcación y a la derecha, siempre hacia la Plaza la Bolera, donde se plantaba el gran tronco de la joguera o h.oguera, como es costumbre en muchos pueblos:
"El lunes, por la mañana, el vecindario en las primeras horas, se hallaba en silencio, y después sus moradores acudieron a sus ocupaciones campesinas. Al medio día, repique de campanas y disparo de gruesos cohetes. En el barrio de la «La Bolera» se congregó a la juventud y precedidos mozas y mozos de «Los Panchines» y el gaitero y tamboril, se encaminaron a las afueras del pueblo para ir a cortar el árbol, que luego fué plantado en el barrio de «La Bolera», con indescriptible júbilo, al son de música, panderetas y tambor. A continuación, se celebró el novedoso número de la piñata que, rota, llena de golosinas, saborearon con fruición los chiquillos. Por la noche, segunda verbena, la de las vísperas, durando el baile hasta altas horas"

Y esta sería la crónica del día 2, el segundo día de la fiesta, cuando tras la misa se realiza la procesión desde la iglesia parroquial a La Bolera por esta misma calle, señalizada ahora con las conchas jacobitas:
"Terminada la misa, fué sacada la santa imagen procesionalmente, haciendo el recorrido de costumbre hasta «La Bolera» y regreso al templo, seguida de numerosos fieles, y al sonar de campanas y de ensordecedores disparos de voladores. Llamaron la atención, elogiásticamente, de la concurrencia, por lo bien ataviadas y aderezadas, las mozas y mocitas, que luciendo el traje de aldeanas tocaron el ramo ofrendado al Santo patrono. Para final, en «La Bolera» fué elevado un globo aerostático, donde se leía: «El Bando de San Antolín a los forasteros», y el Orfeón ofreció a los allí presentes que ocupaban por completo la ronda de la fuente y sus aledaños varias canciones que aplaudió frenéticamente el auditorio..."

Tras la romería en La Bolera esta vuelve sobre sus pasos, a Santana, pero prosigue hacia la iglesia del antiguo monasterio pasando junto a la playa:
"Eran las dos de la tarde, y se organizó la danza para trasladarse al histórico sitio de San Antolín, formando los danzantes de uno y otro sexo una extensa retahila y allá se dirigieron (hasta «La Pontiga») entonando cantares en honor del santo mártir, a la vez que ruedan por la carretera autos en gran número, siendo conductores de quienes bajo los viejos legendarios castaños habían de gustar el ágape y disfrutar de una temperatura agradable. Al pasar por la playa, ésta me sugirió el soneto siguiente:
San Antolín, Bedón –la playa, el río– 
la roqueda, el boquete que hay en ella, 
por donde, con estrépito, resuella la ola, 
cuando el mar está bravío. 

El convento, ya no recinto frío, 
de lo que fué conserva aún la huella. 
Vése esta playa esplendorosa y bella, 
animada y alegre en el estío.

De ella metros la carretera dista; 
la vía férrea igual, que está a su lado, 
encanto del viajero, del bañista, 
del veraneante, del adinerado, 
¡hasta el que pasa a pie tiende la vista
 y se para a mirarla embelesado!"

Y siguiendo la costumbre, en el campo del antiguo cenobio se celebra la jira o comida campestre:
"Ya en las inmediaciones del monasterio, a comer, sentados sobre el césped, familias y grupos de gentes de buen humor en gran número, recordándonos aquellos tiempos en que se congregaban allí muchísima gente de Cabrales, Llanes, Ribadesella y de todos los valles cercanos a gozar de las emociones que alentaba en la tradición. Acabada la comida, actuó el Orfeón, entre cuyas canciones se destacó el pasodoble «Bajo la doble águila», alternando después la Banda de música y gaitada de la misma"

La comitiva regresa desde el monasterio a Naves al atardecer, emprendiendo alegre camino de vuelta para celebrar verbena hasta "altas horas":
"La juventud disfrutó de gratas horas hasta que la noche se aproximaba y como final de éste memorable día fué quemada una traca. Todavía, en Naves ya, se bailó durante una hora y después de la cena, se reanudó el baile que duró hasta las cuatro de la mañana y, como colofón, se quemó otra traca y se elevó otro mongolfier, que tomó el rumbo al Oeste, como si en su ruta llevara, presuroso, a Cuba y México, un mensaje de salutación cariñosa para los nuestros, de sus familiares.
Y hasta el año venidero 
en que Naves ha de honrar 
(si no nos falta dinero) 
de manera singular 
a su Santo tutelar"

Existen muchas más crónicas festivas que nos permiten hacernos una idea de cómo fueron tradicionalmente estas fiestas que configuraron la identidad de los navizos, que como bien diría también Pablo Ardisana:
"No resulta fácil comprender que una modestísima parroquia, un solo pueblo tan íntimo como hermoso, dé para tanto. O para ser más preciso: que un discreto monasterio de índole familiar, fundado posiblemente a finales de la Alta Edad Media, haya generado tanta vida, tanta historia"

Una vistosa casa en chaflán, bordeada por una estrecha acera, nos da paso a la Plaza la Bolera, así llamada naturalmente por ser el solar de la antigua bolera, deporte autóctono, en su variante de birle o bolu palma, que antaño congregaba multitudes en cada pueblo, aldea, plaza y lugar, siendo el deporte rey por antonomasia hasta bien entrado el siglo XX. 


Hoy la bolera ha desaparecido pero sigue dando nombre a esta plaza de tanta esencia naviza, como su hermana de Santana, que acabamos de dejar atrás. Fue construida en 1903 en el emplazamiento de la bolera antigua para albergar una fuente pública, la Fuente la Bolera, e inaugurada el 12 de julio de ese año, como la Fuente de Santa Ana, dentro de los actos de la puesta en marcha de la traída de aguas


Fueron promotores de la obra los hermanos indianos Pedro y Ramón del Cueto Collado, siendo esto terrenos de su propiedad familiar, los cuales con este cambio pasarán a ser plaza pública y gran espacio de socialización, en torno al que se construirán nuevas casas y chigres y en que se celebrarán las fiestas. Hemos de volver al artículo dedicado a la historia de estas fuentes Naves, año 1903:la traída de aguas y las nuevas fuentes hacen historiade María Fernanda Fernández Gutiérrez:
"El domingo 12 de julio de 1903 se celebró en Naves la inauguración de las obras de abastecimiento de aguas del pueblo, a la que se asociaría en ese mismo año la dotación de dos fuentes sitas, respectivamente, en la plaza de Santana y en la de la Bolera (...) Ahora bien, para contextualizar este hito debemos recomponer el marco en que se produjo. Así se comprende –en primer lugar– que no se trata de un fenómeno aislado, sino más bien una de los muchas actuaciones emprendidas en esa época y en Asturias por el colectivo de los emigrantes enriquecidos en América. Los indianos influyeron decisivamente en las transformaciones experimentadas en el Principado en época contemporánea, algo palpable en numerosas construcciones que salpican nuestro territorio y, por supuesto, en la memoria colectiva y la identidad cultural de nuestro pueblo"

Del fenómeno de la emigración a América hemos hablado y aún hablaremos mucho en nuestro recorrido por el Camino Norte, de su origen, causas y consecuencias, pero recordando a los de esta parroquia qué mejor que remitirnos al artículo Naves: un pueblu indianu, del poeta Pablo Ardisana en Bedoniana del año 2003, el cual nos transmite la dureza de la marcha para la inmensa mayoría de ellos y el ideal con el que ansiaban volver:
"Para un adolescente criado al amparo de la madre plena de ternura y sacrificios, y al amparo también del fuego del llar y del agua que brindaban las fuentes refugiadas en las frondas; para un adolescente amamantado con la leche justa y la borona poco abundante, la tentación de romper el cerco de las penurias tuvo que ser una irresistible tentación. Para romper el cerco había que menguar la inmensidad de la mar, desde luego con un valor incalculable. Así serían, después, las fortunas de algunos valerosos navizos. Menguada la mar océana aparecía Cuba que atesoraba todas las llaves para abrir el cerco de las penurias. Y allá entre el miedo, todo el miedo, y la ilusión, toda la ilusión, se iban, se fueron los Pesquera Carriles, los Oveso Carriles y los Cueto Collado por el primer tercio del siglo XIX... 

Para un adolescente irse era abandonar el amparo de la madre y el amparo, el refugio, de la otra maternidad: la tierra que no es menos madre que la otra, que las dos se funden en el alma y el corazón del indiano. ¿Qué diferencia en el durísimo crisol de la lejanía puede existir entre las caricias de la ternura y la umbría acogedora de las castañares que nos cobija en enamoradas tardes de los dulces veranos? ¿Qué diferencia entre los besos maternales y el agua de las fuentes que con delicia nos repara la sed? Allá en el trabajo incansable sólo cabía un sueño para el descanso: volver para devolver a las dos madres riquezas que las liberaran de toda servidumbre. La madre sería señora y la tierra no sería ni del clero ni del aristócrata rural, sino de quienes la trabajaron humildemente. Y más, había que rescatar todo y volver a construirlo en un aire nuevo, con el amor que tanto y tanto tiempo no pudo: el templo parroquial, el cementerio, los caminos y las nuevas casas con los blasones indianos de palmeras, magnolios y esbeltísimas araucarias..."

Así, había pues "que rescatar todo y volver a construirlo en un aire nuevo" y entonces así se hizo esta plaza, con esta mentalidad indiana que también plasma M.ª Fernanda Fernández Gutiérrez:
"Llanes es, sin duda, uno de los concejos que ha sentido con mayor fuerza esta vivencia de desarraigo y retorno, de lucha por conseguir una vida mejor, común a emigrantes de a pie e indianos enriquecidos que muestran la cara más amable de una historia dura que aún hoy posee gran vigencia. Y dentro de Llanes, Naves no es ninguna excepción"

La Plaza la Bolera es una gran explanada y campo de romerías que se emplea como aparcamiento y lugar de paso y tránsito. Su corazón, la plaza propiamente dicha, es un circulo de árboles cerrado por un murete de piedra en el que se halla la fuente pública, la cual sustituyó, junto con la de Santana, a las más primitivas de La Calle y La Teya, que aprovechaban desde finales del siglo XIX el agua del manantial de La Cuesta gracias a una tubería de hierro, existiendo también un modesto lavadero hecho en 1890


En la plaza se conserva tal cual era la base circular de la farola que la alumbraba, la cual sí fue sustituida hace tiempo por otra más moderna. El Camino señalizado bordea la plaza por la derecha para continuar al barrio de Iyán, pero antes nosotros vamos a recorrerla para descubrir todos sus rincones


Además queremos conocer la fuente y su precioso círculo arbolado, donde se reúne la gente y a la que podemos acceder desde aquí, donde hay dos célebres establecimientos hosteleros: a la izquierda Casa Raúl y de frente y a su derecha Casa Ludi / Casa Joselín


Casa Raúl se llama así por su fundador Raúl Carriles Barro, que tantísimos años estuvo a su frente, pues llegó a pasar por el bar hasta casi cumplir los 100 años, ya regentado por su hijo Juan Carlos. Cuando cumplió los 101 años el periódico La Nueva España le dedica este artículo en homenaje a su trayectoria, publicado el 13-9-2016:
"Raúl Carriles Barro sopló las velas de su 101.º cumpleaños con ayuda, pero solo porque estaba más preocupado de hincarle el diente al merengue que de apagarlas. Y es que su debilidad por el dulce no decae. Este vecino de Naves, en el concejo de Llanes, el más veterano del pueblo, que fue durante muchos años corresponsal de LA NUEVA ESPAÑA, celebró en familia su cumpleaños.

Carriles disfrutó de una salud envidiable y fue perfectamente autónomo hasta poco después de cumplir los cien años. A partir de entonces, ha sufrido algunos achaques que le han mermado un tanto sus facultades físicas. Pero, según sus familiares, todo depende del día, pues aunque hay algunos que se siente cansado y prefiere pasar la mayor parte del tiempo durmiendo, hay también otros en los que está activo y hablador.
Raúl Carriles, que comenzó a trabajar en la tejera con 12 años, es el fundador de uno de los establecimientos de mayor solera del concejo llanisco, Casa Raúl. Pero, además de empresario, fue pinche, tejero, labrador, soldado, estraperlista, chófer, corresponsal, taxista...

Amante de la vida sana, "sin excesos y sin vicios", según destacaba cuando alcanzó la centena, Raúl Carriles vive en Naves con su hijo menor, Juan Carlos; su nuera, Elisa Sánchez, y, cuando sus estudios y sus ocupaciones se lo permiten, sus nietas Claudia y Alicia. Raúl Carriles es fiel seguidor del bando navizu de Santa Ana, así como del Real Oviedo y del Real Madrid"

A su fallecimiento, el periódico El Comercio le dedica el 5-12-2016 este artículo que glosa su galardonada trayectoria y titulado Adiós al alma de Casa Raúl en Naves:
"Hasta casi los cien años bajaba cada día a Casa Raúl, su casa, y todavía atendía y echaba una mano si hacía falta. Raúl Carriles falleció a los 101 en Naves prácticamente al pie del cañón, un puesto que tuvo que abandonar hace algo más de un año cuando la salud le dijo basta. Raúl era el alma del bar que lleva su nombre en el centro de la localidad llanisca, el mismo que desde hace años regenta su hijo Juan Carlos, ahora ya sin la compañía de su padre, un hombre que vivió para su familia y para su trabajo.

Carriles, uno de las personas más longevas del concejo, falleció el sábado. Su funeral se celebró ayer en Naves, donde numerosos vecinos acompañaron a su familia: sus hijos Juan Carlos y Raúl, además de sus nueras y nietos.

La labor de Raúl fue reconocida en vida por el Ayuntamiento de Llanes. Lo hizo el 18 de diciembre de 2007 concediéndole uno de los Premios de Turismo de aquel año. Ese día se recordó que comenzó su actividad profesional en el sector del comercio y que su primer bar lo abrió a finales de los años 30. Después vendría la tienda de ultramarinos La Paz, que después pasó a llamarse Casa Raúl, negocio que regentó durante más de 60 años Otro de los trabajos que desempeñó fue el de taxista. Todavía se recuerdan los viajes que hizo a Roma llevando a los indianos que volvían a Llanes para pasar sus vacaciones. Fue además un activo colaborador de varias publicaciones entre las que destaca los cerca de 50 años que realizó crónicas para el semanario El Oriente.

El fallecido era el último de cinco hermanos tras sobrevivir a los cuatro. Hombre inquieto y buen vecino, empezó a trabajar con solo doce años y desempeñó varios oficios hasta convertirse en hostelero. Naves le echará de menos"

Tiene una preciosa terraza exterior y un comedor cubierto en la corrada de la casa. En el blog gastronómico Lo que coma don Manuel y firmado por Dicky del Hoyo hallamos esta suculenta reseña:
"Peregrinaríamos como romeros del camín de Santiago a Naves de Llanes sólo por las patatas del Casa Raúl. No sabemos cómo diantre las hacen, pero creo que nuestra querencia por ellas se ha convertido ya en una complicada adicción. Somos yonkis-patateros. 
Al menos una vez al mes nos tenemos que dejar caer por este bello pueblo que cuenta con casas singulares, con la Iglesia de Santa Ana, con el monasterio de San Antolín de Beón a tiro de piedra, con la playa de San Antolín, una de las más guapas (y tracioneras, como todas las guapas), con la sobrepublicitada playa de Gulpiyuri, y también con la típica Sidrería El Cabañón, de la que ya hemos hablado en otras dos ocasiones, así que ahora ya no toca 
Pero dejemos de dar rodeos y volvamos a Casa Raúl, que no tiene pérdida. Está en la plaza de pueblo, con una terraza que es una gloria, con un comedor pequeño pero chulo y con un espacio chill out (también llamado prau con unos barriles) de reciente inauguración. Tiene capacidad para 40 comensales en el comedor y 44 en la terraza. 
En Casa Raúl puedes comer de tapas o con un poco más de fundamento, y de las dos maneras comerás más que bien y a buenos precios. 
En cuanto a las tapas, son fantásticos los calamares, por las calidades del producto, el sutil rebozado el amplio sabor en boca, tiernos y gustosos. Por 9,20 euros, una ración generosa para compartir. Las ponen también con salsa americana y, pese a ser un fan declarado de las salsas, no he logrado convencer a mis acompañantes para pedirlas, les parece un poco sacrilegio. 
Los amantes del queso asturiano, de los quesos más bien, pues esta es tierra de quesos, aquí tienen otros cuantos motivos para la cita. Los Cubillo Brothers in arms, por ejemplo, disfrutarían (son muy queserus) pidiéndose una tabla por 12’50, en la que están sabiamente representados algunos de los mejores ejemplares de la zona: Cabrales; Beyos; el simpar y picantoso ahumado de Pría; los cercanos, geográficamente hablando, de Porrúa o de Vidiago. Todos pueden ser pedidos de manera individual, si no queremos mezclar intensidades y sabores. 
Y las croquetas… ¡Les cocretes! Listas para cualquier ocasión, cremosas, saporosas (desconozco si existe ese palabro; si no, me lo invento). Las hay de cabrales, pelotazo de queso en boca; de jamón; las tradicionales; y de tigres (no de bengala, sino de mejillón), diferentes y con el sabor a mar que llega desde la costa cercana. Las raciones en torno a los siete leuros, según especialidad. 
Un plato diferente, pero original y divertido, son los champiñones rellenos cubiertos de crema de queso. Una imagen que, supongo, les parecerá igual de fálica que al que escribe; pero, bueno, paisanos, seguro que peores cosas se han metido en la boca. 
Y, lo dicho, pueden comer cosas más elaboradas en el comedor, como el sencillo pollo al ajillo, la mezcla de pulpo y gambas al ajillo, un conejo guisado francamente bueno o el plato estrella, el solomillo troceado de vaques de la zona, de confianza, y que se deshace en boca. 
Pero, volvemos al principio, somos del reducto terraza. Estar allí sentados, zen, con la seria camarera sirviéndonos culetes de sidra, es para nosotros, como dice la canción de Billy Joel, un State of Mind. Y si a eso se suman las que, para nosotros, son las mejores patatas fritas del Oriente Astur, para qué contar. Te las sirven, cosa para nosotros ciertamente incomprensible, con un cesto de pan, y puedes elegir la combinación de salsas: alioli, cabrales o bravas. Una maravilla, crujientes por fuera, suaves y en estado crema por dentro. No defraudan nunca. 
Naves merece la pena, y Casa Raúl es un secreto que los iniciados guardan, hasta ahora. Así que les dejo, que me esperan unas patatas para comer y unos cuantos burros (de cuatro patas) para fotografiar. Puxa la ruralité!"

Raúl Carriles Barro colaboraba además en la prestigiosa revista Bedoniana, que se publicó entre los años 1999 y 2010 coincidiendo con las fiestas de San Antolín, y sigue siendo una impresionante fuente de información dedicada a esta parroquia y a otras de los alrededores, valles de Posada y de San Xurde. En su artículo Añoranza y evocación de otra época, Raúl, entre otras cosas, describe para la entrega del año 2002, algunos episodios de la historia de Naves en primera persona:
"En aquellos años, por necesidades económicas imperiosas, salvo las familias de privilegiado rango social, o por la corta edad, enfermedad o vejez, era obligada norma a los hombres de todo este litoral la necesidad de desplazarse a trabajos de la tejera por distintas zonas geográficas durante la larga temporada que se iniciaba en el mes de abril y alcanzaba la segunda quincena de septiembre. 

Era entonces mínima la concurrencia a las playas, tanto de la gente de los pueblos limítrofes como de los veraneantes, por más calor y sol que hiciese, pues el fenómeno del turismo era apenas conocido. Sin embargo, todos aquellos años, durante la temporada estival, era ocupada la casa inmediata a la iglesia de San Antolín por una colonia procedente de Madrid, con profesores y mucha juventud de aire estudiantil y deportista; y entre ellos destacaba una señorita atlética, famosa a nivel nacional, conocida por el nombre de Margot Moles. Esa colonia, compuesta por medio centenar de personas, ocupaban sólo la parte de la playa entre el río y Punta Pistaña; para llegar hasta la playa lo hacía a través de un sendero al borde del monte situado entre los dos puntos. 

Siendo poco frecuentada la playa en aquellos tiempos, descubrir la instalación de la rudimentaria tienda de campaña de algún fugaz bohemio, errático, despertaba gran curiosidad y nos parecía que imitaba a aquel personaje de leyenda de análogas costumbres llamado Robinson"

Y en el corazón de la plaza, en medio de su circo de árboles, La Fuente la Bolera, de la que dice Pablo Ardisana en su Naves: un pueblu indianu, para Bedoninana 2003, coincidiendo precisamente con los cien años de su inauguración:
"Naves es una muy hermosa consecuencia de tres factores: el benedictino monacal, el labrador y tamargu de la subsistencia y el renovador, refundador indiano. Este año de 2003 se cumplen cien años de las fuentes navizas, que fueron y siguen siendo la más clara expresión renovada, índice indiscutible, de progreso, que el amor indiano donó al pueblo, especialmente a las mujeres que ya no acarrearían el agua imprescindible desde el pie de las rasas o del río. Fueron las fuentes la expresión rotunda de la ganancia en comodidad y más aún en higiene. Tres hitos destacaría yo en la realidad de progreso impulsado por el amor indiano: las fuentes, la fundación del patronato escolar y la puesta en marcha, medio siglo después, del centro de inseminación artificial vacuno. Y si a estos tres hitos se añaden mejoras de toda índole no resulta difícil concluir que los valores navizos exponen y resumen una rural, íntima e indiana historia de amor y amores singulares, que hoy todavía contribuyen al sostén, a la vida del pueblín"

Su llamativa estructura monumental, no tanto en tamaño como en componentes estéticos que ya destacan desde aquí, hace que Mª Fernanda Fernéndez Gutierrez afirme en su estudio que sea esta la que reviste mayor interés:
"por su ambición arquitectónica y su singularidad estética, respondiendo al modelo de fuente-abrevadero. Es más que probable que sea a ésta a la que se refieren los documentos manejados cuando aluden al traslado de una fuente en esta localidad «toda vez que el sitio en que actualmente está emplazada se halla muy distante», a instancias de Ramón del Cueto. A partir de esa iniciativa se dispone la presentación del proyecto, presupuesto y bases para la subasta de las obras, a fin de ser examinado por la Comisión del Valle de San Jorge. Se deduce que fue éste quien costeó íntegramente la obra y renunció a la colaboración o ayuda que proponía el consistorio llanisco, gesto que le fue agradecido; su hermano Pedro participaría de la iniciativa"

Ahí enfrente tenemos la mencionada Casa Ludi /Casa Joselín, donde Ludivina Barrigón García cocina grandes especialidades, como sus famosos garbanzos con pixín (rape) y langostinos. La Nueva España le dedicó este artículo, Garbanzos con pixín para empezar, el 31-7-2012 y firmado por Paz Paredes:
"Muchos de los que van a Naves buscando una de sus joyas más emblemáticas, la playa de Gulpiyuri, se quedan a veces sin entrar a este pequeño y precioso pueblo llanisco y, por tanto, sin disfrutar allí mismo de algunos de los platos más representativos de la cocina asturiana. Porque Naves es un pueblo muy guapo, con construcciones tradicionales; lleno de colores y de flores, con rincones muy cuidados y pequeñas calles que invitan al paseo y a disfrutar de la tranquilidad, entre idas y venidas a las playas, o bien a las numerosas romerías que a lo largo del verano tienen lugar en el oriente asturiano.

Cuando el hambre apura y el calor aprieta, nada mejor que acercase hasta uno de los locales que, en la plaza del pueblo, ofrecen sombra, buena comida y descanso al viajero que busca disfrutar de la buena gastronomía asturiana. Este es el caso del bar Ludi, cuyos fogones dirige con mano experta Ludivina Barrigón García desde el año 2000. Dentro, una gran foto de su hijo, Alfredo García, experto surfista que ha recorrido el mundo practicando este deporte, reina en la pared del bar que, para los que gustan de comer al aire libre, cuenta con dos terrazas. La capacidad del local en total ronda las 70 personas

Entre algunos de los platos que le han dado fama y que Ludivina Barrigón borda cuando es temporada está el rollo de bonito, uno de sus platos estrella, aunque también es cierto que aquellos que prueban sus garbanzos con pixín y langostinos lo repiten siempre que pueden, haga frío o calor. También es bien conocido su «bonito a la llanisca», sin que falten, igualmente, platos tan tradicionales como el pote o la fabada asturiana.

En cuanto a los pescados, en el bar Ludi nunca faltan los habituales de temporada, por lo que cuentan con una importante carta, sin olvidar, asimismo, el marisco. Luego cabe destacar que cuenta con un menú diario generoso donde el cliente puede elegir entre cinco primeros y cinco segundos, con cosas tan ricas, por ejemplo, como los macarrones con almejas, parrochinas, bocartes, carne guisada, lomo con patatas, pitu caleya, los propios garbanzos con pixín y langostinos o, los que quieran mantener el tipín, ensaladas variadas. Los golosos no se quedan aquí sin postre y pueden optar, entre otros, por arroz con leche, «mousse» de limón, flan o tarta de queso. El resultado final es una buena comida y, además, en un pueblo precioso, lleno de encanto, donde perderse es un lujo reservado a los que buscan su pequeño paraíso de cada día. Y luego, un baño en cualquiera de sus estupendas playas"

El lugar es especialmente frecuentado por los amantes del surf desde hace años, como la campeona Lucía Martiño, que se acercan a esta sidrería para dar cuenta de sus afamadas y reponedoras especialidades aprovechando su cercanía a la playa. De ahí que en su interior podamos encontrar numerosas referencias fotográficas de este deporte practicado con asiduidad en Naves desde los años 70 del siglo XX


Tiene Casa Ludi / Casa Joselín (ella y él, ella la guisandera y él el gerente) terraza exterior y terraza interior, acudiendo aquí también artistas al llamado de la buena mesa, como el fotógrafo Ramón Collado o el ilustrador Alfonso Zapico, que inmortalizan en sus obras sus platos y personajes


Nos dirigimos pues a la Fuente la Bolera, el centro del centro y germen de esta plaza que como hemos visto llegó a competir con la de la misma iglesia, conformando un centro urbano lineal que se extiende entre ambos lugares, obras de "dominio público que se tiñe de filantropía, manifestando la típica dualidad de unas intervenciones que se mueven entre el altruismo y el interés", como dice Fernández Gutiérrez:
"En particular, la acción u obra de uso público patrocinada por este colectivo (los indianos) revela la voluntad de manifestar su ascenso social y económico, para su ennoblecimiento o satisfacción personal, con un sentido que participa del llamado pietismo burgués en sintonía con otros paternalismos en su faceta filantrópica. Éstas son varias: el camposanto, debido al citado Juan Obeso, «el tabaquero», fechado hacia 1881; la escuela, que responde a la voluntad del finado Juan Cueto Collado y que formaliza su hermano Pedro, residente en Tuxtla Gutiérrez (Méjico), a través de una donación que permite la construcción del inmueble y la dotación material del mismo en 1906; la plaza de La Bolera, del año 1903, situada en la antigua bolera y en terrenos de la familia benefactora, los Cueto Collado, que será eje vertebrador de la vida social y emplazamiento de construcciones nuevas"

Su construcción coincide en el tiempo con la de dos infraestructuras viarias fundamentales, la del camino que enlaza "la antigua carretera general Oviedo-Santander con Naves, bordeada de arbolado y realizada en 1905", y el ferrocarril, cuyo túnel de la playa se excavó en marzo de 1903, siendo inaugurado en este tramo el 20 de julio de 1905, por lo que advertiremos "que los albores del siglo XX eran un momento de cambios importantes que parecían introducir a Naves en una época moderna a través de adelantos en materia de infraestructuras y construcciones"


El poder disponer de buen suministro de agua potable tanto para propiamente la casa como para dar de beber a ganado (aún pasarían años antes de que el agua corriente llegase dentro de todos los domicilios) era un gran adelanto para enclaves por entonces netamente rurales o escasamente urbanizados, junto con la luz eléctrica, escuelas, ampliación de iglesias y cementerios, construcción de centros sociales, arreglo de caminos, espacios públicos de recreo (como esta plaza), y un largo etcétera que debe entenderse "dentro del ámbito de la obra pública y responden a esa voluntad de mejorar el nivel de vida de sus paisanos, congraciándose con ellos y ofreciéndoles una cara amable, pero asegurando asimismo su bienestar personal" sigue contándonos Mª Fernanda Fernández Gutiérrez:
"este tipo de trabajos, los menos aparentes sin duda y probablemente también, los más prácticos o útiles; la disponibilidad de agua abundante en la proximidad de la vivienda, como el aire limpio o el soleamiento, fueron entonces la piedra angular del higienismo decimonónico y por ello, la mejora del suministro del líquido elemento ocupó a muchos emigrantes tanto a fines del siglo XIX como a principios del siglo xx, imbuidos de un aliento de renovación y progreso que les fue propio"

La Fuente la Bolera, a diferencia de la de Santana, dispone de dos caños, orientado uno al este y otro al oeste, además de un buen bebederu o abrevadero:

"La citada fuente se define como una estructura de piedra bien labrada, que adopta una planta trilobulada irregular en que dos cuerpos poseen similares dimensiones y otro tiene un mayor crecimiento longitudinal; sobre este pilón trebolado y con molduras, en el cruce de sus brazos, se yergue un pilar central con ángulos achaflanados, rematado sobre una moldura con un pináculo. Su diseño facilita el uso no sólo por personas que acudieran a recoger o beber agua, mediante dos caños metálicos en los costados, sino también como abrevadero de ganado en el cuerpo central, algo valioso en el medio rural"

Esgrime con razón esta historiadora en que la estructura y detalles de esta fuente son propios del proyecto e algún profesional que hoy desconocemos;

 " No sería descabellado imaginar que la mano de un arquitecto se hallara tras su construcción, por su singularidad y su voluntad de estilo, deudora de obras comparables emprendidas durante el periodo ilustrado en Asturias o de otras similares llevadas a cabo en esa época. Tal vez futuros estudiosos o algún hallazgo documental logre despejar esta incógnita"

Otra investigadora, Covadonga Álvarez Quintana, incide en que la ampliación y modernización del suministro de agua era un asunto de especial interés general por entonces "en aquellos núcleos de población pequeños y periféricos de Asturias" donde únicamente los indianos del lugar, hubiesen ya regresado o aún permaneciesen en América, eran capaces de afrontar económicamente su coste:

«no es por ello de extrañar que la ampliación y modernización del suministro de agua se convirtiera en objeto de preocupación en aquellos núcleos de población pequeños y periféricos de Asturias, donde únicamente los indianos nativos, residentes o desplazados, suponían la fuerza económica capaz de ejecutar las obras necesarias para la consecución de tales servicios»

La placa recuerda a los benefactores:

COSTEADA POR 

D. PEDRO Y D. RAMÓN DEL 

CUETO 

AÑO DE 1903

Ramón en particular, habría llegado a Naves desde Cuba a primeros de aquel verano inaugural, lo mismo que otro indiano, Julio Gavito, lo había hecho desde su residencia en México ya empezando junio, quienes deseaban estar presentes y ser protagonistas de la inauguración de estas fuentes de La Bolera y Santana por ellos auspiciadas, celebrada el 12 de julio con la bendición de las obras y una misa solemne en la iglesia parroquial con la asistencia de las autoridades del Ayuntamiento de Llanes, "incluyendo la manifestación pública de la gratitud de los navizos a Ramón del Cueto, figura clave en la consecución de estas mejoras"

Como ya hemos dicho, esta traída de aguas no implicaba aún la llegada de un suministro a cada casa, algo que dependería de las posibilidades de cada vecino. Únicamente los indianos podían de aquella permitirse sufragar esta obra particular a sus residencias navizas y "disfrutaron de este servicio doméstico que no en vano había motivado la promoción de las traídas de aguas", como dice asimismo Covadonga Álvarez Quintana y en lo que abunda Mª Fernanda Fernández Gutiérrez:

"En concreto, en Naves, consta que Ramón del Cueto logró de la Corporación llanisca, en el invierno de ese mismo año 1903, la autorización «para derivar de la fuente por él costeada un pequeño caudal de agua en pluma cerrada que no disminuya en lo más mínimo el que abastece el vecindario y para el servicio particular de su casa» (...)

Aquel mismo verano, en sesión del día 5 de septiembre, los concejales reunidos en el Ayuntamiento de Llanes le otorgaron el voto de gracias «por las mejoras por él llevadas a cabo en dicho pueblo, toda vez, no omite gasto ni sacrificio alguno en todo aquello que se relaciona con el bienestar y prosperidad del mismo»


Mirando a la fuente, la quinta de los Cueto Collado, conocida popularmente como La Casona, guarda también la memoria de aquellos aconteceres. Rodeada por un alto muro, en el que veremos alguna de las conchas y flechas del Camino, se construyó por iniciativa de Ramón Cueto entre 1910 y 1914 sobre una casa anterior propiedad de Juan Obeso que Ramón compró y reformó, destinada a sus hijos. A su fallecimiento en Cuba pasaría a su hermano Pedro.

Vitolas marca La Flor de Naves. Foto de Juan Alberto Berni González en Grandes tabaqueros

Los hermanos Cueto Collado fueron cinco: Juan, Ramón, Benigno, Pedro y Primo, Juan Cueto Collado emigró a Cuba e hizo fortuna en la industria tabaquera, llegando a fundar con Juan Obeso la empresa Obeso y Cueto, teniendo también Cueto y Cia., siendo ello el origen del prestigioso negocio La Flor de Naves, fábrica de puros que también dio nombre a un comercio en Naves, en el cruce de la carretera AS-379 (La Pista) con El Camín del Requexu, que comunica con La Casona. Una excelente memoria y estudio de su trayectoria vital y empresarial nos lo ofrece  Francisco Crabiffosse Cuesta en Bedoninana 2002 con Algunas noticias sobre los hermanos Cueto Collado y otros tabaqueros de Llanes y de las Peñamelleras


De su espléndida finca recomendamos el trabajo de José Valdeón El jardín de La Casona de Naves en Bedoniana del año 2005, mientras que del origen de La Casona y de sus estirpes de emigrantes informa, también en Bedoniana pero en su edición del año 2001, Pablo Ardisana en De la estirpe naviza de Iyán: Manuel Carriles Avín:
"Por entonces el minúsculo pueblín de Naves comenzaba a asentarse realmente sobre la trinidad de la tierra: campesinos, tejeros e indianos. El campesino subsistía muy a duras penas; el tejero ayudaba malamente a la subsistencia y el indiano fue quien rompió los dominios eclesiásticos y señoriales, dando la posesión de las tierras a quienes las trabajaban. Por supuesto que era el campesino quien se desdoblaba en teyeru e indiano. Naves sin el señorío y empaque de las casa solariegas iba a tener paulatinamente la riqueza y arrogancia de las mansiones indianas. Sería don Juan Oveso Carriles, navizu emigrante e indiano de Cuba, el que edificara una hermosa y distinguida mansión que años más tarde don Pedro Cueto Collado, también navizu emigrante e indiano enriquecido en las tierras chiapanecas, elevaría aún más en rango y lujos, y que la xente del pueblín bautizó para siempre como La Casona. Todavía hoy el viejo señorío de la mansión y de los árboles que la guardan rinden la mejor bienvenida a quienes se acercan al corazón de Naves. La Casona era el mejor símbolo y expresión de los porvenires y las riquezas indianas. Los más arriesgados jóvenes navizos así lo entendían y así ansiaban que el vecino enriquecido los reclamase desde las fabulosas tierras ultramarinas"

Bancos corridos de piedra se extienden mirando a la fuente a todo lo largo del muro. Aquí se sientan a admirar los festejos vecinos y visitantes, siendo especialmente emotivo en esta plaza asistir a la Danza de San Antolín, bien glosada por Yolanda Cerra Bada en La danza prima en la fiesta de San Antolín (Bedoniana 2000):

"El dos de septiembre, día de la festividad de San Antolín, una vez acabada la función matinal, después de los bailes regionales que se exhiben en La Bolera, las gentes del bando forman una cadena cogidos de los brazos, caminando rítmicamente en espiral que van suavemente cerrando a la vez que entonan una monótona melodía. Se trata de la danza de San Antolín, hecha en honor al santo que se festeja, variante de lo que en el folklore regional se conoce con el nombre genérico de danza prima. La danza prima es una danza coral, es decir, cantada por los mismos que la interpretan; los que se sitúan en cabeza inician la serie de cantares interrumpidos por el estribillo. En la danza participan todos los que desean hacerlo, sin distinción de sexo ni de edad. Naturalmente desean hacerlo los de San Antolín, los del barrio occidental de Naves, que mantienen desde hace unos 60 años un enfrentamiento o pica, ritualizado en su fiesta, con los de Santa Ana, los del barrio oriental. Estas dos mitades simbolizan sus diferencias a través de los santos respectivos y rivalizan entre sí por lograr una fiesta que supere a la otra"



La Plaza la Bolera ha sido además escenario cinematográfico, pues aquí se rodó Un pueblo con historia, película-documental del director llanisco Jorge Rodríguez rememorando a los indianos. El 20 de febrero de 2011 B. Morán da la noticia del rodaje en La Nueva España con Héroes de cámara:
"En pleno centro de Naves, un vecino se retuerce de dolor. Sufre un «cólico mísere», más conocido hoy en día como apendicitis. Hay que llevarlo al hospital, pero nadie encuentra la forma de hacerlo hasta que aparece el indiano don Pedro, el único en la localidad que tiene coche. La escena corresponde a una producción cinematográfica que ayer se rodó en el pueblo llanisco de Naves, pero podría ser cualquier escena cotidiana de los años veinte del siglo pasado, cuando los emigrantes retornados se convirtieron en héroes locales.

«Un pueblo con historia», una idea pionera en la región, recrea estas historias que vivieron cientos de pueblos de Asturias. Su director, Jorge Rodríguez Pérez, grabó ayer cuatro nuevas escenas de su historia documental. Historias de personas que, aunque se ganaron la vida lejos, nunca olvidaron sus raíces, su gente. Ricachones campechanos que enviaban dinero desde el otro lado del Atlántico para construir escuelas, fuentes, bibliotecas y otros servicios. Los detalles y los testimonios en torno al apasionante e indiscutible papel que los indianos jugaron en el desarrollo social, cultural y económico de pueblos como Naves de Llanes los recrea el citado largometraje escrito y dirigido por Rodríguez Pérez.

Este vecino de Naves, realizador y empresario de profesión, cuenta con un amplio equipo técnico, de producción y de atrezzo sin necesidad de grandes caravanas ni castings, ya que «Un pueblo con historia», la evolución de la ganadería al turismo con los indianos como hilo conductor, es contado por los propios vecinos. Del blanco y negro para recrear aquellos tiempos de pobreza a principios del siglo XX, pasando por el sepia de los años cincuenta, hasta el color de la etapa actual en la que Naves de Llanes es uno de los pueblos más visitados por turistas.

El documental recoge también aquella jornada de 1961 en la que Naves fue proclamado como el «Pueblo más bonito de Asturias». «Aquella distinción fue el inicio de la reconversión de las cuadras de ganado de Naves en restaurantes y alojamientos de turismo rural», apunta Rodríguez, que añade que «es el propio pueblo el que cuenta su historia, y en ella se refleja la de otros muchos de Asturias».

En el rodaje de las escenas que ayer se representaron en la plaza de Santa Ana y en La Bolera de Naves participaron varios vecinos de Naves como Urbano Ardines, el alcalde pedáneo; Manolo Fernández y José Tielve, «Chispa», entre otros.

Minuto a minuto la cinta de Rodríguez va inmortalizando la historia que marcó el hoy de cientos de pueblos de Asturias"

La película se estrenó en Naves el 7 de diciembre de 2013 "en una carpa habilitada en el aparcamiento de la Sidrería-Restaurante Cabañón, que dispondrá de calefacción", como anunciaba Europa-Press y situada muy cerca de aquí, precisamente al paso del Camino y pocos metros más adelante


Salimos entonces ya de la Plaza la Bolera y continuaremos hacia el Llagar Cabañón por La Caleya d'Argumeda, en dirección al barrio de Iyán, al oeste de Naves, camino ya de Villah.ormes y Nueva, pasando al lado de esta casa de precioso y colorista jardín, plantado precisamente de geranios rojos del Bando de San Antolín







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